La alimentación saludable y el ejercicio físico son dos de las principales herramientas para reducir el riesgo de sufrir problemas cardiovascular, pero no neutralizan por completo todos los factores que pueden provocar un infarto. De hecho, uno de ellos puede permanecer oculto en una analítica convencional y estar determinado, en gran medida, por la genética.
El cardiólogo Aurelio Rojas explica en un vídeo publicado en sus redes sociales que incluso personas jóvenes, deportistas y sin niveles altos de colesterol LDL (conocido como el colesterol «malo») pueden sufrir infartos.
Parecido al «colesterol malo»
Rojas cuenta que la principal causa de este problema es la lipoproteína, también conocida como Lp(a), una partícula lipoproteica «muy parecida al colesterol LDL, es decir, el malo, pero mucho más peligrosa, ya que es tremendamente proinflamatoria y procoagulante de la sangre».
La Sociedad Española de Cardiología apunta a que alrededor del 80% de la concentración plasmática de Lp(a) está determinada por la genética y que, en general, sus niveles permanecen relativamente estables a lo largo de la vida.
Por eso, una persona puede mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio con frecuencia, presentar un nivel de colesterol LDL dentro de los valores considerados normales y, aun así, tener una Lp(a) elevada sin saberlo.
Difícil de detectar
Y es que uno de los principales problemas de esta partícula es que no suele formar parte de las mediciones habituales de una analítica de colesterol. «Solo se detecta si la pides específicamente en la analítica y solo hace falta hacerlo una vez la vida«, explica Rojas.
Las recomendaciones cardiovasculares actuales aconsejan medir la Lp(a) al menos una vez en la edad adulta, precisamente porque sus niveles están determinados en gran medida por la genética.
La medición puede adquirir todavía más importancia cuando existen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura o de niveles elevados de Lp(a). En estos casos, conocer la concentración de esta partícula puede ayudar al médico a calcular con mayor precisión el riesgo cardiovascular del paciente.
Controlar los factores de riesgo
Detectar una concentración elevada de Lp(a) no significa que una persona vaya a sufrir necesariamente un infarto. Se trata de un factor que aumenta el riesgo cardiovascular y que debe valorarse junto con otros parámetros como la presión arterial, el colesterol LDL, el tabaquismo, la diabetes, el peso o los antecedentes familiares.
«La mala noticia es que si la tienes alta a día de hoy todavía no tenemos tratamiento«, advierte el cardiólogo. Pero esto no tiene por qué traducirse en que no pueda hacerse nada. La Lp(a) no puede modificarse fácilmente mediante cambios en el estilo de vida. En su lugar, el objetivo pasa por controlar con especial atención el resto de factores de riesgo cardiovascular: «Nada de azúcares ultraprocesados en la dieta, tabaco cero y controla muy bien ese exceso de peso».
Cuestión de genética
En las personas con un riesgo cardiovascular elevado, el médico puede valorar además la utilización de tratamientos destinados a reducir el colesterol LDL y controlar el riesgo global. Entre ellos se encuentran medicamentos como las estatinas y, en determinados casos, los inhibidores de PCSK9.
Rojas termina su explicación precisamente con una recomendación dirigida a quienes puedan tener una predisposición familiar: «No se trata solo de cuidarte, sino también dónde hay que mirar. Pide que te midan la lipoproteína, sobre todo si tienes antecedentes en tu familia».