Sobre una base de susceptibilidad genética y biológica, «hay también factores relacionados con el estilo de vida, como son el sedentarismo, la alimentación inadecuada o el estrés». Además, la experta indica que «el aumento de la prevalencia de la obesidad se está produciendo en todos los países con un mayor impacto en los que están …

Sobre una base de susceptibilidad genética y biológica, «hay
también factores relacionados con el estilo de vida, como son el sedentarismo,
la alimentación inadecuada o el estrés».

Además, la experta indica que «el aumento de la prevalencia
de la obesidad se está produciendo en todos los países con un mayor impacto en
los que están en vías de desarrollo; afecta más a las personas con menos
recursos». Aboga por «más recursos y coordinación» para abordar un reto tan
complejo y urgente. «Y con la participación de todos los agentes involucrados, porque
el primer paso es reconocer su importancia», sostiene.

No obstante, «el sedentarismo sigue siendo muy frecuente en
adultos y en niños, en los que el uso de pantallas en lugar de los juegos
clásicos se ha relacionado con ganancia de peso».

También el cóctel de falta de sueño, el estrés y una dieta
inadecuada, con un mayor aporte de alimentos procesados, con alta densidad
calórica y un menor poder saciante «son factores muy relevantes». «Vivimos en
un entorno obesogénico, que afecta especialmente a las personas con una mayor
susceptibilidad a la obesidad, una enfermedad en la que los factores genéticos
explican entre el 40 y el 70% de los casos».

Bretón Lesmes explica que «el tratamiento farmacológico de
esta enfermedad ha cambiado de manera radical en los últimos años». Así, «hoy
disponemos de opciones terapéuticas mucho más eficaces, que consiguen no solo
que el paciente pierda peso en una magnitud muy significativa, sino también
mejorar las complicaciones de la obesidad, como la enfermedad cardiovascular,
la apnea del sueño, la esteatosis hepática metabólica o los problemas  articulares, por citar algunas».

En cuanto a la seguridad, la mayoría de los efectos adversos
son leves o moderados. «Además, llevamos unos 20 años disponiendo de fármacos
de este grupo», aclara, y añade que «están indicados en personas con un IMC
superior a 30 kg/m2 o superior a 27 kg/m2
cuando existe al menos una
complicación relacionada con la obesidad», especifica, y apunta que, «antes de
iniciar el tratamiento, es necesario realizar una evaluación clínica que permita
identificar las causas y las consecuencias de esta enfermedad y definir un plan
terapéutico individualizado, de manera ideal con la participación de un equipo
multidisciplinar».

«Es necesario seguir una pauta de alimentación y de
actividad física adecuadas, que permitirá optimizar el resultado a largo plazo
y mejorar la salud», comenta también.

En el próximo Congreso de la SEEN se tratarán temas muy
relevantes relacionados con el abordaje de la obesidad, «con una sesión
dedicada a la obesidad en la agenda política, en la que se discutirán las
estrategias más adecuadas para la prevención de esta enfermedad y la atención
clínica a las personas que la padecen». No en vano, considera que «una de las asignaturas
pendientes en España es la falta de reconocimiento de la obesidad como una
enfermedad».

«Es necesario poner en marcha un plan estratégico nacional
para su abordaje, que incluya acciones de prevención en la infancia,
adolescencia y la edad adulta, identificación y tratamiento precoz de las
personas que la padecen. Será necesaria la participación de distintos actores,
en el entorno sanitario, pero también en el educativo, en el laboral, en la
producción de alimentos, etc.», esgrime. Otra mesa del Congreso abordará la
recuperación del peso perdido, ya que la obesidad es una enfermedad crónica y
progresiva con mecanismos biológicos que dificultan perder peso y mantenerlo.

Entrevista completa en el documento adjunto.