Vicky Alonso Vilariño cumplió 44 años el mes pasado. Una edad que, para cualquier deportista de élite, sería equivalente a estar en el retiro. O, en el mejor de los casos, a un final inminente. Pudo haberlo sido para ella, cuando decidió renunciar a la División de Honor del baloncesto en silla y fichar por el Elche, de tercera categoría, para tomarse con suavidad el último tramo de su extensa carrera deportiva.
Pero nadie conoce con exactitud los caminos de la ilusión. Ni siquiera la protagonista. Y aunque el nivel competitivo de su día a día era netamente inferior al que estaba acostumbrada, la selección española nunca dejó de contar con ella. El mejor antídoto contra la tentación de parar. Así, a las puertas de su tercer Mundial, la viguesa no quiere ser la que se ponga freno. Al contrario. Pretende acelerar. Por ello, ha fichado por Fundación Aliados de Valladolid. Vuelve a la élite.
«Todo viene por la decisión de seguir un poco más en la selección», inicia Vicky. «Siempre y cuando quieran seguir contando conmigo, claro», apostilla.
No tiene pinta de que vaya a ser de otra manera. La viguesa es un puntal en España con su experiencia. Tuvo una participación activa en la clasificación para el Mundial desde la repesca de hace un mes y el próximo 9 de septiembre estará en la cita global que acoge la ciudad canadiense de Ottawa. «Estamos en un momento dulce. Podemos competir contra cualquiera y, por tanto, podemos soñar. Vamos a intentar, al menos, mejorar el último séptimo puesto», apunta.

La jugadora olívica lanza a canasta en un partido de la repesca que clasificó a España para el Mundial. / Cedida
Pero las ganas de más no se quedan ahí. Por supuesto, en el horizonte aparece el cielo del deporte. «Me encantaría ir a Los Ángeles y cerrar el ciclo con mis terceros Juegos Paralímpicos», desea. «En lo que depende de mí, voy a dejarlo todo para cumplir este sueño. Sería increíble», anhela.
Lograrlo pasa por estar al nivel. Y la División de Honor es la mejor manera de conseguirlo. Su nuevo equipo pelea siempre en la zona media-alta de la tabla, suele clasificarse para la Copa del Rey y también para instancias europeas. «Es un proyecto deportivo muy chulo», explica Vicky. Y muy demandante. La viguesa dejará su trabajo en Murcia, donde residía desde hace unos años, para mudarse a Valladolid y dedicarse al baloncesto de manera 100% profesional. «Económicamente hablando», puntualiza, dejando claro que siempre lo ha sido desde el punto de vista deportivo. De hecho, en su ya exequipo solía hacer trabajo extra y complementario «para poder aportar con España».
Vilariño se va del Elche agradecida por sus dos años como franjiverde. «Los disfruté mucho», confiesa. Pero la decisión de regresar a la élite estaba tomada. «Quería estar en un equipo acorde con mis objetivos en la selección», reconoce la viguesa. «En ese sentido, Valladolid se ajusta mucho más a lo que demanda ir con España», añade. «Sé que van a subir las horas de entrenamiento y la exigencia competitiva. Pero me hace mucha ilusión afrontar el reto y me apetecía volver a División de Honor», concluye Vicky, dueña de esa pócima de la eterna juventud que son los sueños por cumplir.
«La desparición del Amfiv fue una pena muy grande»
Este mes se cumple el primer aniversario de la desaparición del Amfiv. Una tragedia incalculable, que se produjo por un puñado de euros calculables. Aquella muerte no pareció importar a nadie, más que a los aficionados al baloncesto y a las personas con discapacidad que encontraron un lugar en Vigo en el que sentirse válidas a través de deporte. Una de ellas fue Vicky Alonso Vilariño, hace ya muchos años.
Por eso, en su vuelta a la División de Honor, se entristece al caer en la cuenta de que no vendrá a competir en su casa. «Fue una pena muy grande», recuerda sobre cuando lo supo hace un año. «Siempre es algo triste que desaparezca un club. Además, me duele un poco más por ser el equipo de mi ciudad y el que me dio la oportunidad de entrar al mundo del baloncesto en silla», lamenta.
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