Algunas fotografías retratan un rostro, otras un objeto o un lugar, y luego están las que, de alguna forma, retratan una época. Esas son las que más me interesan, las que no se limitan a capturar lo que estuvo frente al objetivo, sino que consiguen detener un instante y convertirlo en historia. Tenemos mil ejemplos, desde la célebre instantánea en la que Alfred Eisenstaedt recoge el apasionado beso de un marinero y una enfermera en pleno Times Square, celebrando el fin de la Segunda Guerra Mundial; hasta la icónica toma en la que Stephen Wright inmortalizaba a The Smiths frente al Salford Lads Club de Manchester. Fotografiar implica esperar, seleccionar e interpretar, pero también discernir qué merece ser conservado cuando todo alrededor parece condenado a morir despacio.
Hoy, en el Día Internacional del Fotógrafo, conviene detenerse en esta profesión que vive rodeada de imágenes y recuerdos. Juanjo Alfonso, fotógrafo documental y retratista coordinador del Grado de Iluminación y Cámara en el CEF, entiende la fotografía como una práctica que exige formación, cultura, sensibilidad y una mirada en permanente construcción. Su conexión con la cámara nació de la fascinación que le despertó «una retrato de Marilyn Monroe realizado por Richard Avedon», recuerda. Cita también a Koudelka, Cristina G. Rodero y Robert Frank como disparadores de su vocación.
Le preguntamos qué busca transmitir cuando fotografía, «depende, la historia, el momento o la persona definen la intención», apunta, aunque también reconocer dejarse llevar «por sensaciones». Alfonso no cree que ‘tener mirada fotográfica’ sea un don reservado a unos pocos, «se puede aprender perfectamente», aunque nos insta a «cultivar la sensibilidad». Y es que en este arte «nunca se deja de aprender», sostiene, por eso recomienda a quien se interese en la materia que también lo haga por otras disciplinas «como la literatura o la pintura».
La irrupción de las cámaras digitales y los teléfonos móviles ha multiplicado nuestra capacidad de producir imágenes. Sin embargo, para el entrevistado «la fotografía no ha cambiado, ha cambiado el uso que se hace de ella y cómo la perciben las nuevas generaciones». Y ahí aparece una de sus principales preocupaciones, Alfonso considera que fotografiamos mucho, «pero no imprimimos las fotos». Miles de imágenes descansan en teléfonos y nubes bajo la confianza de que estarán siempre disponibles, pero puede que «en el futuro no tengamos imágenes de nuestras experiencias, viajes, familias, …», advierte.
No podemos obviar la incorporación de la inteligencia artificial al ‘gremio’, en ese sentido, Alfonso considera que «la IA no es fotografía». Genera imágenes a partir de instrucciones, mediante «ceros y unos» pero «no usa la luz». Además, «la creatividad y la sensibilidad son características esencialmente humanas». De ahí que reclame que «habría que regularla».
Consejo
Para quienes se inicien tras la cámara, tiene un consejo que toma prestado del fotógrafo iraní Abbas Attar: ‘Que calce unos buenos zapatos’. Y es que, para encontrar imágenes hay que patearse la calle. Ya desde una perspectiva más académica, en su desempeño como docente trata de «transmitir al alumnado mi pasión». Y si se le pregunta por el mayor reto profesional al que se ha enfrentado, no duda: «Entrar en el Moulin Rouge para hacer un reportaje sobre un mimo que trabajó muchos años ahí fue muy complicado, muy lento y con muchas restricciones».
Antes de acabar la entrevista, le pedimos qué fotografía serviría para explicar quien es Juanjo Alfonso como fotógrafo. «Es una elección muy complicada», quizá, dice, «debería elegirla otra persona, que la gente mire mi trabajo y elija», concluye.