La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y también nuestra primera barrera de defensa frente al exterior. Su función principal es protegernos de la radiación solar, la contaminación, los microorganismos y de multitud de agresiones ambientales. Además, participa en funciones tan importantes como la regulación de la temperatura corporal o la respuesta inmunitaria. Por eso, cuando hablamos de cuidar la piel a partir de los 40 años, no estamos hablando únicamente de estética. Estamos hablando de salud.
A partir de los 20-25 años nuestras células empiezan a perder progresivamente rendimiento biológico. No lo vemos todavía en el espejo, pero el envejecimiento celular ya ha comenzado. Con el paso de los años la renovación se vuelve más lenta, disminuye la producción de colágeno y elastina y la piel necesita ayuda para seguir haciendo correctamente su trabajo.
Si solo pudiera recomendar tres activos para cuidar la piel a partir de los 40 años, elegiría un buen antioxidante, ácido glicólico y retinol. No porque estén de moda, sino porque son probablemente los tres ingredientes con más evidencia científica para ayudar a la piel a mantenerse sana, funcional y con mejor aspecto durante más tiempo.
Antioxidantes para proteger la piel
El primer activo que no debería faltar nunca en una rutina de cuidado de la piel es un antioxidante. ¿Por qué? Porque el estrés oxidativo es uno de los principales responsables del envejecimiento cutáneo. La radiación solar, la contaminación, el tabaco o incluso nuestro propio metabolismo generan radicales libres que dañan las estructuras de la piel y aceleran su deterioro. Entre mis antioxidantes favoritos destacan la vitamina C y la melatonina tópica.
La vitamina C es uno de los activos más estudiados en dermofarmacia. Ayuda a neutralizar los radicales libres, mejora la luminosidad y contribuye a estimular la síntesis de colágeno. Para que sea eficaz debe formularse correctamente, normalmente en concentraciones entre el 10 y el 20% y a un pH ácido.
Sin embargo, no todas las pieles toleran bien esta acidez. Por eso, la melatonina tópica me parece una alternativa extraordinaria. Además de su potente capacidad antioxidante, posee propiedades antiinflamatorias, favorece los mecanismos de reparación celular y penetra con gran facilidad en la piel.
Ácido glicólico para favorecer la renovación
Con el paso de los años, la epidermis pierde velocidad de renovación. Las células muertas permanecen más tiempo en la superficie y la piel pierde luminosidad, uniformidad y suavidad. El ácido glicólico ayuda a eliminar estas células mediante una exfoliación química controlada, favoreciendo una renovación más eficiente y mejorando visiblemente la textura de la piel.
Además, tiene una característica que lo hace especialmente interesante: es el alfa hidroxiácido de menor tamaño molecular. Esto le permite penetrar con facilidad y actuar de forma más profunda que otros activos de su familia. El resultado es una piel más luminosa, más uniforme y con una apariencia mucho más saludable. Es, probablemente, uno de los activos que ofrece resultados más rápidos y visibles.
Retinol, el gran referente antiedad
Si tuviera que llevarme un único activo a una isla desierta, sería el retinol. Y no lo digo yo sola. Lo respalda la evidencia científica acumulada durante décadas. El retinol sigue siendo uno de los ingredientes más eficaces para mejorar la calidad global de la piel porque actúa directamente sobre las células responsables de producir colágeno y elastina, los fibroblastos.
Podríamos decir que es el gran director de orquesta del envejecimiento cutáneo. Gracias a su capacidad para estimular la renovación celular y la síntesis de colágeno, mejora la firmeza, la elasticidad, la textura y la densidad de la piel. También resulta útil en el tratamiento de manchas, imperfecciones y signos derivados del fotoenvejecimiento. Por todo ello sigue siendo, más de cincuenta años después de su incorporación a la dermofarmacia, uno de los grandes referentes en el cuidado antiedad.
El verdadero secreto está en la constancia
Si hay algo que he aprendido después de más de tres décadas dedicada a la dermofarmacia es que no existe ningún activo milagroso. El verdadero secreto está en la constancia. Un buen antioxidante por la mañana para proteger, ácido glicólico para favorecer la renovación celular y retinol para estimular la producción de colágeno constituyen una combinación extraordinaria para mantener la piel en las mejores condiciones posibles.
Porque cuidar la piel no consiste en parecer más joven. Consiste en conseguir que siga haciendo bien su trabajo durante muchos años.