Georgina Rodríguez, a sus 32 años, vive un momento dulce en su vida. Esta semana ha concecido matrimonio con Cristiano Ronaldo, su pareja. La expectación por conocer los detalles de la ceremonia era alta, como muestra el ‘troleo’ del portugués anunciando que tendría lugar en la catedral de su Madeira natal, cuando en realidad se celebró en casa, provocando que una marabunta de curiosos se acercara a la iglesia para ver salir a otros recién casados.
«Hemos decidido hacerlo en el salón de nuestra casa, donde desayunamos, almorzamos y cenamos, y donde vivimos la realidad de nuestras vidas. Dentro de 30 años quiero que los niños piensen: Algo maravilloso ocurrió en esta mesa: los votos matrimoniales de nuestros padres», comentaba ‘Gio’ en una entrevista reciente en ‘Vogue’.
Los inicios de la mujer de Cristiano
Georgina Rodríguez es hoy una figura conocida internacionalmente. Sin embargo, antes de alcanzar esa notoriedad, tuvo que recorrer un camino muy distinto, marcado por empleos sencillos, cambios de ciudad y el deseo de construir una vida independiente.
La infancia de Georgina transcurrió en Jaca junto a su madre y su hermana. Según ha contado en distintas ocasiones, en su hogar siempre hubo lo necesario, aunque la situación económica atravesó momentos de mayor y menor estabilidad. Aquellas experiencias terminaron formando parte de una etapa que recuerda como importante para entender quién es actualmente.
Cuando cumplió 18 años, Georgina quería continuar estudiando, pero abandonar Jaca no resultaba fácil. La oportunidad apareció mediante un empleo en un hotel de Graus, localidad situada a cierta distancia de su casa. Con el apoyo económico inicial de su madre, pudo comenzar aquella nueva etapa, en la que empezó a ganar su propio dinero, pagar un alquiler y asumir responsabilidades como adulta.
«Dejé el currículum en Inditex y empecé en Massimo Dutti pero paseaba a veces por la Milla de Oro y me encantaba ver los escaparates. Cuando entraba a una boutique de lujo, para mí era como entrar en un museo”, explicó.
Tiempo después decidió probar suerte en Madrid. Su intención era estudiar Administración de Empresas y comenzar una vida diferente. Allí presentó su currículum en una empresa del grupo Inditex y consiguió incorporarse a Massimo Dutti. Mientras trabajaba, también comenzó a interesarse cada vez más por los escaparates y las tiendas de alta gama de la capital.
Probó en distintos lugares
“Mi hermana, mi madre y yo hemos sido una familia y siempre hemos estado superunidas. Es verdad que a mí nunca me ha faltado lo básico. Pero también es verdad que a veces comía mejor y otras veces peor igual que a veces teníamos agua caliente y otras no”, relató en aquella entrevista.
Antes de convertirse en una personalidad mediática, pasó por trabajos muy diferentes. Fue camarera, trabajó en un hotel, realizó tareas de lavandería y también estuvo vinculada a la venta de bolsos. Para ella, el valor de esos empleos no dependía de su prestigio, sino de la satisfacción de cumplir bien con sus obligaciones y tratar correctamente a las personas.
Con los años, su situación profesional y personal experimentó una transformación radical. Su relación con Cristiano Ronaldo, sus trabajos como modelo, su actividad en redes y diferentes proyectos empresariales la llevaron a disfrutar de un estilo de vida muy alejado de aquel que conoció durante su juventud.
A pesar de esa evolución, Georgina ha defendido en numerosas ocasiones el valor de sus orígenes. Para ella, el lujo no está necesariamente relacionado con objetos caros o marcas exclusivas, sino también con experiencias sencillas y momentos de libertad. «Georgina siempre ha reivindicado sus orígenes y los trabajos que desempeñó durante su juventud. Y si hay algo que sí echa de menos de aquellos años es la tranquilidad de salir a la calle sin ser reconocida, sin tener que mirar alrededor pensando en quién puede estar esperando para hacerle una fotografía«, decía.