El ciclismo es capaz de ofrecer la gloria más absoluta y, en cuestión de meses, sumergir a un deportista en la más profunda de las … incertidumbres. Lo sabe muy bien Victor Lafay, el corredor francés, de 30 años, que ahora milita en el Unibet Rose Rockets, y que atraviesa un calvario por una enfermedad de origen desconocido y sin diagnóstico que le provoca un agotamiento extremo y le mantiene alejado de la competición durante este año.
Una dura situación para Lafay, cuyo potencial salió a relucir en el Tour de Francia de 2023, que durante tres etapas discurrió por el País Vasco. El francés corría entonces para el Cofidis. En la jornada inaugural sorprendió a todos en las duras rampas de Pike Bidea. Allí se soldó a la rueda de los mejores, con Pogacar y Jonas Vingegaard luchando en el muro de Sondika.
Ese rendimiento no fue fruto del azar, ya que al día siguiente se impuso nada menos que al mismísimo Wout van Aert en la segunda etapa con final en San Sebastián. Fue el colofón para el Cofidis, que rompía una sequía de quince años sin victorias en la ronda francesa.
Sin embargo, tres años después de esa hazaña, Lafay está alejado de la competición. Peor aun, cualquier acción cotidiana le supone un gran esfuerzo. Todo comenzó en octubre del año pasado en el Tour de Guangtxi, que se disputa en China. Al volver de allí se sentía cansado. Pensó que era el jet lag, pero una semana después seguía agotado. Se hizo análisis de sangre, ya que tiempo atrás tuvo una infección bacteriana en el estómago.
Lafay ganó la segunda etapa del Tour de Francia en 2023.
A pesar de todas las consultas y pruebas, los médicos no daban con la causa de ese cansancio extremo del ciclista. «Los antibióticos no ayudaron y las analíticas no me dieron una respuesta definitiva», explica el corredor, que estaba sumido en una gran incertidumbre. «Sospechábamos un virus, pero si no sabes exactamente cuál es».
Diez meses después de su última carrera, todavía no tiene respuesta a esa sensación de cansancio que, no solo no le dejan competir, sino que las tareas del día a día le resultan agotadoras. «Cuando voy a hacer la compra, al llegar a casa solo puedo dormir. Me agoto muy rápido. Eso pasa incluso con el menor esfuerzo. Y no hablo solo de actividades físicas. Incluso después de cenar con familia o amigos, me quedo completamente rendido«, señala.
El simple hecho de mantener una conversación le pasa factura. «Se me cierran los ojos y lo único en lo que pienso es en dormir«, cuenta. »No es solo la fatiga física la que pesa. También es un desafío mental.»
Lafay es consciente de que está «lejos» de recuperarse. «Sé que algún día todo mejorará y que podré volver a pedalear, pero por ahora solo nos queda esperar».