El virus de la fiebre del Nilo Occidental ha llegado a Canarias, donde se ha detectado un caso en un équido del municipio de San Bartolomé de Tirajana, en la isla de Gran Canaria. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el foco se ha localizado en una explotación con 38 animales sensibles, de los que uno ha resultado afectado. La confirmación se produjo el 18 de agosto de 2026.

Se trata del primer foco de fiebre del Nilo Occidental registrado en Canarias y ha sido clasificado como primario. La última actualización del MAPA incorpora también un nuevo foco en Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz. En este caso, la enfermedad se ha detectado en dos aves cautivas de un núcleo con 261 animales sensibles.

Estos dos focos se suman a las detecciones notificadas recientemente en aves silvestres de Medina Sidonia, en Cádiz; Almonte, en Huelva; y Sanlúcar la Mayor, en Sevilla, todas ellas confirmadas el 14 de agosto.

Durante esta temporada también se han registrado casos en équidos en La Puebla del Río y Cantillana, ambos municipios de Sevilla. Asimismo, se notificó un foco en una explotación de Retamal de Llerena, en Badajoz, aunque en ese caso no constaban animales afectados entre los 18 équidos sensibles.

LOS PRIMEROS POSITIVOS EN ANIMALES

Los primeros positivos de la temporada 2026 se confirmaron a finales de julio en aves silvestres de Huelva y Lleida. El Laboratorio Central de Veterinaria de Algete identificó entonces el linaje 1 del virus en dos pollos de águila imperial ibérica encontrados en Almonte e Hinojos, y el linaje 2 en un polluelo de azor de Vilanova de la Barca.

La fiebre del Nilo Occidental es una enfermedad vírica transmitida principalmente por mosquitos del género Culex. Afecta especialmente a las aves, aunque también puede infectar a équidos y personas.

Aunque la infección suele cursar de manera asintomática en caballos y personas, un pequeño porcentaje de los afectados puede desarrollar una forma grave caracterizada por encefalomielitis y síntomas neurológicos. Los équidos y las personas actúan como fondos de saco epidemiológicos, por lo que no transmiten la infección ni funcionan como reservorios del virus.

La vigilancia de la enfermedad en España incluye la recogida y el análisis de muestras de équidos, aves y mosquitos. Sus resultados sirven como sistema de alerta temprana para que las autoridades sanitarias puedan adoptar medidas preventivas ante una posible circulación del virus en personas.