Después de diez días interminables y de un incierto compás de espera, la mitad del millar de vecinos desalojados por el avance de las llamas … del incendio forestal de Las Peñas de Riglos, en Huesca, ha comenzado a regresar este miércoles a sus hogares tras recibir el permiso oportuno del Gobierno de Aragón.

«Por fin en casa». Es una de las expresiones más repetidas en los pequeños núcleos rurales afectados, como Villalangua, Salinas de Jaca, Santa María de La Peña, Bailo y Larúes. En torno a 500 de los 1.049 desalojados comienzan así a retomar su vida normal tras días frenéticos en los que el fuego desbocado avanzaba sin control hacia las faldas del monte Oroel, arrasando a su paso 17.500 hectáreas y alterando la vida de un millar de habitantes de 19 núcleos. Un desastre natural que se cobró el domingo la vida de un militar de la UME tras el vuelco de un camión que participaba en las labores de extinción.

La mayor parte de las personas afectadas, ante la amenaza del fuego, se vio obligada a abandonar sus hogares por sus propios medios o con la ayuda de familiares y amigos, si bien las administraciones habilitaron recursos de alojamiento para quienes lo necesitaron.

El dispositivo autonómico de prevención y extinción de incendios (Infoar) y Protección Civil tenían previsto realizar a lo largo de hoy una inspección en torno a los pueblos de Arbués y Alastuey después de que durante la última noche apareciera algún «humero» en absoluto preocupante, que estaba previsto revisar porque la prioridad es garantizar la máxima seguridad. «Hasta que no tengamos la garantía del cien por cien de que pueden volver, no van a volver», aclaró el consejero de Hacienda, Interior y Administración Pública, Roberto Bermúdez de Castro, tras la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi).

Los guipuzcoanos con segunda residencia en el entorno de Jaca también respiran algo más tranquilos después de días de incertidumbre y preocupación. La evolución favorable del incendio y el progresivo regreso de los vecinos a sus hogares permiten recuperar cierta normalidad en una zona que durante días permaneció bajo la amenaza de las llamas.

Para muchos de ellos, no se trata simplemente de una vivienda de vacaciones. Son casas vinculadas a la infancia, a los veranos en familia y a recuerdos acumulados durante décadas. «La verdad es que lo pasas muy mal y sientes mucha impotencia porque ves que el fuego no tiene sentimientos, que viene hacia ti y no se detiene. Al fuego le da igual el mal que cause a su paso», reconocía el lunes a este periódico el errenteriarra Jesús Rodríguez, evacuado de su casa del camping Pirineos, próximo a Jaca, y que estos días ejercía labores de voluntario.

El sobresalto se traslada ahora a Las Hurdes, en el extremo norte de la provincia de Cáceres, donde el incendio forestal se reactivó en su flanco oeste debido a la aparición de nuevos focos provocados por las pavesas. Las reactivaciones favorecieron, además, la formación de pirocúmulos, nubes generadas por el calor y la columna de humo que pueden hacer que el incendio desarrolle su propia meteorología y presente un comportamiento más difícil de controlar. Con unos 700 evacuados de diez alquerías, se mantiene la situación operativa 2 del Plan Especial de Protección Civil ante Incendios Forestales de la Comunidad Autónoma.