Madrid

Todos los días aparecen nuevas historias sobre jóvenes y redes sociales. Desde niños enganchados a ficciones generadas con inteligencia artificial hasta adolescentes incapaces de despegarse de Instagram. En ese contexto, este martes arrancó en California el mayor juicio de la historia contra Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp. La indemnización que reclaman los demandantes equivale prácticamente al valor bursátil de la compañía. En otras palabras, se trata de una demanda multimillonaria que, aunque es un escenario muy improbable, podría incluso poner en riesgo su viabilidad financiera.

No es el único frente judicial al que se enfrenta la tecnológica. El pasado 7 de agosto, un tribunal de Nuevo México condenó a Meta a pagar 567 millones de dólares a un fondo de salud mental para jóvenes. Antes, otro proceso judicial le impuso una multa de 375 millones de dólares por no proteger adecuadamente a los menores de los depredadores sexuales presentes en sus plataformas. «Es un juicio determinante para el futuro de estas plataformas», advierte Jesús Sérvulo González, corresponsal de El País en Washington, en La Ventana.

¿Qué reclama la demanda?

Los demandantes exigen dos medidas principales. Por un lado, una indemnización de entre 200.000 millones y 1,4 billones de dólares. Por otro, cambios profundos en el funcionamiento de las aplicaciones de Meta.

Entre las modificaciones propuestas figura la eliminación del llamado scroll infinito, el mecanismo que permite consumir contenido de forma ininterrumpida desplazándose por la pantalla. También se plantea retirar los botones de «me gusta» para los menores de 18 años y reforzar tanto las advertencias sobre los riesgos de uso como las herramientas de control parental.

Meta basa su defensa en tres argumentos. El primero, que sus servicios están protegidos por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza la libertad de expresión. El segundo, que la ampara la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, aprobada durante la presidencia de Bill Clinton. Y el tercero, que la compañía ya dispone de herramientas específicas para proteger a los menores, como las cuentas para adolescentes de Instagram.

Frente a ello, los demandantes sostienen que la empresa conocía los efectos nocivos que podían provocar sus plataformas sobre los menores y que, aun así, mantuvo deliberadamente determinadas dinámicas para aumentar el tiempo de uso. «Era estremecedor escuchar a la fiscal adjunta de California que presentó el caso decir que evidentemente Meta sabía todos estos riesgos e incluso experimentó con la mente de los niños buscando métodos para mantenerlos más tiempo con las pantallas», explica Sérvulo González.

La relación entre Meta y Donald Trump

La protección de los datos personales es otro de los grandes ejes del juicio. La cuestión cobra especial relevancia después de escándalos como el de Cambridge Analytica, la consultora que recopiló información de millones de usuarios de Facebook para influir en campañas políticas. Además, Meta también afronta críticas por la supuesta falta de moderación de determinados contenidos y por haber permitido la proliferación de grupos violentos en sus plataformas.

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«Si hay alguien a quien le puede perjudicar este juicio es al Partido Republicano y a los partidos extremistas de todo el mundo», sostiene el periodista.

Meta y algunos de sus principales accionistas han realizado aportaciones económicas a las campañas de Donald Trump y de candidatos republicanos para las próximas elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Para Jesús Sérvulo González, «Meta es una de las compañías de Silicon Valley conocidas por ser disruptivas. Ponen a prueba las normativas para beneficiar al máximo su negocio».