Detrás de Novak Djokovic se esconde un niño que aprendió a sobrevivir antes que a ganar. Su infancia en la Serbia de los años noventa estuvo marcada por el estruendo de los bombardeos de la OTAN y una escasez económica absoluta.
En una entrevista con Sony Sports Network en enero de 2023, tras ganar el Open de Australia, Djokovic resumió aquel contexto con crudeza: «He vivido dos guerras y un embargo. Desde las 5 de la mañana hacía cola para conseguir pan y leche«.
Aquella rutina diaria, compartida con su abuelo, era la imagen de una familia que dependía de la paciencia y del miedo para asegurar el alimento básico.
Noches de sirenas, oscuridad y pánico
En octubre de 2024, el serbio rememoró el terror psicológico de las noches bajo las alarmas antiaéreas: «Es el temor a lo desconocido. No saber si la próxima sirena o bomba va a caer sobre tu casa o la de tus amigos«.

Novak Doković de pequeño / Archivo
Meses después de ganar el oro olímpico en París 2024, compartió uno de los episodios más traumáticos: «Recuerdo que mi madre una noche… Estabas durmiendo y en mitad de la noche te despertabas porque escuchas la sirena y tienes que coger un bolso y bajar al sótano del edificio para intentar refugiarte«.
La primera vez que ocurrió, su madre se golpeó en la oscuridad y quedó inconsciente: «Eran las 3 de la mañana y mi padre tenía a su esposa inconsciente. Yo, que tenía 12 años, y mis hermanos menores, de 8 y 4, llorábamos. Cundía un pánico total».
Djokovic lo resume con una frase que atraviesa toda su historia: «No puedes hacer nada. Y esa es la peor sensación, el miedo. No tienes control, no tienes poder».
Entrenar entre ruinas para escapar del miedo
A pesar de que los deportistas serbios tenían prohibido competir en el extranjero durante cuatro años, el joven Novak encontraba refugio en las pistas de tenis. Entrenaba incluso entre las ruinas de los edificios bombardeados, los únicos lugares libres de nuevos ataques.
Tras otra victoria en Melbourne, explicó cómo aquel entorno moldeó su carácter: «Este tipo de cosas te hacen más fuerte y te generan más hambre por el éxito».
Del hambre a la gloria: el camino al número uno
En su entrevista con Somdev Devvarman, el serbio recordó de nuevo sus orígenes: «No lo hago por publicidad, sino porque quiero ayudar y quiero estar para las personas menos afortunadas. Vengo de Serbia en los años 90, y allí he vivido dos guerras y un embargo durante seis años».

Novak Doković de pequeño / Archivo
También evocó las colas para recibir ayuda humanitaria: «Cada mañana a las cinco de la madrugada nos tocaba esperar en la cola para coger pan y leche a mi abuelo y a cientos de personas… Sé lo que se siente».
Sobre su fundación, añadió: «Estoy agradecido por todo lo que tengo… Sé que no es lo suficiente y que puedo dar más, pero siempre lo hago lo mejor que puedo».
El oro olímpico: una deuda saldada
A pesar de su colección de Grand Slams, Djokovic recuerda con especial emoción el oro olímpico de París 2024. Tras las decepciones de Río 2016 y Tokio 2020, aquella victoria ante Carlos Alcaraz fue, según sus propias palabras, «la mayor alegría de mi carrera deportiva».
Para él, significó saldar una deuda con su país y consigo mismo. Una muestra más de su capacidad para sobreponerse a las adversidades, un rasgo que nació en los sótanos de Belgrado.
Sobre su papel como hermano mayor, añadió: «Mi padre me hablaba como a un adulto: ‘Tienes que hacer esto, lleva a tus hermanos allí’. Era la guerra. Todos están en pánico, perdidos, todos gritan, todos tienen miedo».
Y concluyó con una reflexión que resume su historia: «No creo que nadie deba sufrir la guerra para desarrollar su fortaleza mental… Pero, para mí, eso representó una parte muy importante de mi desarrollo».