Lo que empezó como una conversación entre vecinos sobre el calor del verano acabó reuniendo a casi 400 personas en las calles de Gelsa. El municipio zaragozano de unos 960 empadronados, recuperó una de las estampas más tradicionales de los pueblos aragoneses: salir a la fresca al caer la noche, reunirse en la calle, charlar y compartir el tiempo entre las distintas generaciones. 

El Ayuntamiento de Gelsa se propuso inicialmente un objetivo más modesto: conseguir que 200 vecinos salieran a la vez a tomar la fresca. El resultado, sin embargo, duplicó las expectativas. «Convocamos a unos 200 vecinos y fuimos casi 400 en la calle», resume Silvia Romanillos, técnica de Cultura del Ayuntamiento de Gelsa, quien explica que el éxito ha llevado ya al consistorio a plantearse una nueva edición el próximo verano. 

Los vecinos de Gelsa «a la fresca»

La idea surgió, precisamente, hablando con los propios vecinos sobre las altas temperaturas. En un momento en el que se habla cada vez más de refugios climáticos, apunta Romanillos, en Gelsa miraron hacia una solución más antigua: la calle. «El verdadero refugio climático de toda la vida ha sido salir a la fresca en el pueblo», explica la técnica del ayuntamiento. La imagen que muchos vecinos conservaban en la memoria era la de los abuelos, padres y nietos compartiendo las noches de verano mientras los niños jugaban por las calles. En algunos casos, incluso se cenaba fuera de casa.

Estos recuerdos fueron el punto de partida para recuperar una tradición que todavía se mantiene en el pueblo, pero ya no tiene la dimensión de décadas atrás. «Ahora se ven corrillos sueltos por las calles y poco más», señala Silvia. La propuesta del Ayuntamiento buscaba precisamente volver a juntar a todos los vecinos y convertirlo en una costumbre. 

De 250 helados, a todo un récord 

El Ayuntamiento de Gelsa calculó que alrededor de 200 personas podían sumarse a la iniciativa. La cifra sirvió también para preparar la logística, ya que llegaron a comprar 250 helados y finalmente tuvieron que adquirir más cuando comprobaron que la iniciativa iba creciendo. El encuentro tuvo además que adaptarse al calendario deportivo. La celebración se reprogramó para evitar que coincidiera con un partido de España, que había alcanzado los cuartos de final. Una vez superado ese obstáculo, la respuesta de los vecinos fue mucho mayor de la prevista.

Un encuentro entre abuelos y niños 

Más allá del número, Romanillos destaca el carácter intergeneracional de la iniciativa. Para los vecinos de más edad, la cita supuso recuperar recuerdos de su infancia y juventud, de aquellas noches de verano en las que salir a la calle formaba parte de la vida cotidiana. Para los más pequeños, en cambio, la experiencia tenía algo de descubrimiento. «Decían: esto qué guay es, poder estar en la calle jugando con los amigos», relata la técnica de Cultura.

Esa mezcla de nostalgia y descubrimiento es la clave del éxito para Silvia. «Fue una forma muy bonita también de establecer lazos de unión entre generaciones y entre vecinos», resume Romanillos.

La iniciativa nació como una prueba para comprobar si los vecinos respondían, pero el resultado ha despejado las dudas. En el Ayuntamiento aseguran que la acogida ha sido muy positiva y que ya se han planteado repetir la experiencia el año que viene. El reto, esta vez, será todavía mayor: superar el récord alcanzado con casi 400 personas tomando la fresca al mismo tiempo. 

Romanillos confía en que sea posible. Los vecinos, asegura, están «súper contentos» y «muy por la labor».