El fundador del gigante inmobiliario Evergrande, Xu Jiayin, ha sido condenado a cadena perpetua. El Tribunal Popular Intermedio de la ciudad de Shenzhen le considera culpable de delitos como apropiación indebida, soborno, concesión ilegal de préstamos y utilización ilegal de fondos.

La justicia ha avalado que sea despojado de sus derechos políticos de por vida y se confisquen todos sus bienes. El pasado mes de abril, Xu se declaró culpable de los cargos que se le imputaban, llevaba en arresto domiciliario desde finales de 2023.

El tribunal ha condenado también a penas de entre 6 y 18 años de cárcel a otros cinco altos cargos y a multas de 1.120 millones de euros a Evergrande Group y con 889 millones de euros a su principal filial, Evergrande Real Estate.

La sentencia recoge que «entre 2016 y 2021, Evergrande Group, Evergrande Real Estate y Xu Jiayin violaron las leyes nacionales y, mediante prácticas de falsificación financiera continuada y a gran escala, inflaron artificialmente los activos y ocultaron pasivos, cometiendo delitos de captación ilegal de depósitos públicos, captación fraudulenta de fondos, emisión fraudulenta de valores y divulgación irregular de información financiera».

Las acciones de la compañía, recoge el texto, habrían «perturbado gravemente el orden de la economía de mercado socialista, han vulnerado los derechos de propiedad pública y privada y han atentado contra la integridad de funcionario públicos».

La caída de Evergrande

La condena pone fin a la caída del empresario que se convirtió en el rostro de la crisis inmobiliaria que sacudió a China tras el desplome de Evergrande.

Xu Jiayin, nacido en una familia humilde en el centro de China, fundó la empresa en 1996. Durante años sustentó su crecimiento en la preventa sobre plano de viviendas, edificios de oficinas y estructuras urbanas. Llegó a contar con 200.000 empleados y Xu se convirtió en el hombre con más activos de Asia.

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Sin embargo, la compañía entró en impago en 2021, con una deuda que superó los 300.000 millones de dólares. La crisis de liquidez estuvo provocada por las restricciones impuestas por Pekín a la financiación de las promotoras inmobiliarias.

El colapso de la empresa sacudió la economía y los mercados financieros del país provocando una crisis inmobiliaria que continúa en China. Evergrande se convirtió entonces en el símbolo de los excesos de un sector que durante años había sustentado su crecimiento en el crédito y el endeudamiento.