El último mosquetero de Francia ha entregado su espada. Julian Alaphilippe ha optado por finalizar su trayectoria sobre la bici según ha anunciado este jueves … el diario francés ‘L’Equipe’. Con un palmarés envidiable y al alcance de pocos -campéon del Mundo en 2020 y 2021, seis etapas del Tour, la Clásica San Sebastián en 2018 o la Milán-San Remo en 2019-, ha optado por renunciar a su último año de contrato con el Tudor.

Lo logrado sobre la carretera solo puede equipararse a las pasiones que levantó en Francia. Su irrupción prometía, con un 2018 en el que se le empezó a designar como sucesor de Valverde. No estaba mal tirada, porque las estadísticas de aquel año son de aúpa: dos etapas en la Itzulia, dominó el Muro de Huy y se llevó la Flecha Valona -también cazó la de 2019 y 2021-, sumó otras dos victorias parciales en el Tour y el maillot de la montaña y, si fuera poco, en agosto la Clásica. Y además aprendió del golpetazo del Mundial de 2018.

Esa demostración de pólvora, además, iba acompañado de una capacidad innata para saber gestionar todo lo mediático: su balanceo sobre la bici, su sobreactuación, su espectáculo… Enamoró a Francia, que se entregó a su mosquetero en 2019. Ay si se llega a llevar aquel Tour… Se lo creyó, el equipo funcionó como nunca -más que clasicómanos parecían el mejor Sky-, convenció a todos sus compatriotas y solo Bernal rompió la burbuja. Y siempre quedará la duda de qué hubiera pasado si aquella etapa 19, neutralizada en parte, se llega a parar antes.

Doble arcoiris

Un año más tarde le tocó poner el título en juego, quizá el mayor de los desafíos. Alaphilippe hizo una defensa del título impresionante. A media tarde, después de dar una exhibición, pasó a recogerlo. Valentin Madouas se puso a tirar como una fiera con el mosquetero a rueda en la cota de Sint Antoniusberg y, aunque todos se lo esperaban, nadie pudo salir a su ataque. Ni amagar un movimiento. Le vieron en meta.

En años siguientes quiso volver para asaltar el tres que ostentan Alfredo Binda, Eddy Merckx, Rik van Steenbergen, Óscar Freire y Peter Sagan -a por ello irá Pogacar en septiembre-, pero no le dio.

Nunca volvió a ser el mismo. Ni el cambio de aires fichando por el Tudor ayudó. Y poco a poco su brillo se fue apagando.

El final de la etapa 20 del último Tour ya dio las primeras pistas de que el final de ‘Loulou’ estaba más cerca. Llegó a más de 25 minutos del vencedor de la etapa, Richard Carapaz, en la segunda de las llegadas a Alpe d’Huez de la mano del también francés Warren Barguil.

Feeling con Euskal Herria

El francés estrenó su palmarés en Euskadi en un 2018 que sería apoteósico para él tras su paso por la Itzulia. Ganó la primera etapa, en Zarautz, con las inéditas rampas de Elkano como juez de la carrera. Llegó a meta junto a un tal Primoz Roglic, aventajando en 23 segundos al grupo de favoritos. Ya con el maillot amarillo, al día siguiente, con otra tachuela exigente en los últimos diez kilómetros, volvió a obtener la victoria. Fue en Bermeo, con las rampas de San Pelaio como punto caliente del final de la etapa. De nuevo Roglic segundo, con Gorka Izagirre y Mikel Landa como invitados de honor en el cuarteto cabecero.

Meses después, a pesar de tener la temporada más que cubierta con la Flecha Valona y dos etapas en el Tour de Francia -más la montaña–, quiso volver a Euskadi para participar en la Clásica de San Sebastián. El ambiente de una afición entregada y la colocación en el tramo final del recorrido del muro de Murgil volvieron a conspirar a su favor. Se presentó en el Boulevard junto a Bauke Mollema y batió al neerlandés con suma facilidad.

Al año siguiente, volvió a participar en la Itzulia para ganar la segunda etapa con llegada en Gorraiz, otro repecho ideal para su letal aceleración final. Tercera victoria en la Vuelta al País Vasco, cuarta en Euskadi.

No le fue tan bien en 2020, año marcado por la pandemia y los continuos cambios de calendario. Pudo desquitarse con otra victoria parcial en 2022 y otra Clásica de ensueño en la que solo Marc Hirschi (UAE) pudo superarlo. Ironías de la vida, terminarían siendo compañeros de equipo.