No ha sido de las series más largas que hemos visto en Netflix y, siendo sinceros, casi es algo que agradecemos, y es que Outer Banks ha llegado a su fin recientemente tras 5 temporadas, aunque estos últimos episodios han estado lejos de ser perfectos; pero un final es un final.

Quizás haya llegado demasiado rápido y las tramas se hayan cerrado de manera excesivamente simple y, en muchos casos, conveniente, pero nos ha dejado satisfechos, y eso que tenía mucho que abordar. A partir de ahora vienen spoilers.

Venganza agridulce

Después de la muerte de JJ al final de la cuarta temporada, la última entrega tenía que resolver la venganza de Kiara, el destino de Groff, el futuro de los Pogues y, por supuesto, el misterio del oro del Royal Merchant y la corona azul.

El gran enfrentamiento llega durante un huracán que azota Outer Banks. Kiara vuelve a enfrentarse a Chandler Groff después de que este haya asesinado a JJ y, esta vez, no duda en actuar. Tras una pelea en un barco, consigue dejarlo colgado sobre el agua y corta la cuerda que lo mantiene sujeto, provocando que caiga al mar. Groff muere ahogado durante la tormenta, cerrando así la historia del principal villano de la temporada. Para Kiara, sin embargo, la venganza no consigue solucionar el verdadero problema.

JJ

Durante la temporada se había aferrado a la posibilidad de que la corona azul pudiera devolver la vida a JJ, y llega incluso a utilizarla con esa esperanza. El artefacto no resucita a su novio, sino que provoca una visión en la que recuerda distintos momentos de su relación con él. Es precisamente esa experiencia la que le permite empezar a aceptar su pérdida y continuar con su vida. Después utiliza parte de su fortuna para recuperar y reconstruir la casa de los Maybank y decide perseguir su sueño de convertirse en bióloga marina

La corona, de hecho, tampoco termina en manos de los protagonistas. El coleccionista Finch se hace con ella, convencido de que puede utilizarla para recuperar a su hija fallecida. Kiara le explica que el objeto funciona, aunque no de la manera que él espera, y Finch termina escapando con la corona. De esta forma, Outer Banks deja uno de sus grandes misterios sin una respuesta completamente cerrada, aunque tampoco necesita resolverlo para concluir la historia de los Pogues.

Todos felices

El oro del Royal Merchant sí acaba donde debe. Después de que Kiara tenga que desprenderse de parte del tesoro durante el huracán, Pope consigue calcular dónde se hundió y el grupo logra recuperarlo. La fortuna permite a John B reconstruir la casa de su padre, mientras Kiara recupera la propiedad de los Maybank y Pope reconstruye el negocio de su familia. Pope y Cleo, además, terminan comprometidos y se mudan a Tannyhill.

John B y Sarah reciben el cierre más tradicional. Después de superar el embarazo y todas las dificultades de la temporada, tienen un niño al que llaman JJ en homenaje a su amigo fallecido. Un año después, ambos celebran su boda rodeados de los Pogues y de buena parte de los personajes que han formado parte de su historia. Incluso Rafe, que ha decidido marcharse con Sofia para evitar ser detenido por sus crímenes, aparece mediante una videollamada.

Esperable y decepcionante

Ahí está precisamente el problema del desenlace: Outer Banks consigue que casi todos tengan un final feliz, pero lo hace con una facilidad que puede resultar algo decepcionante después de todo lo ocurrido. La serie ha acumulado durante cinco temporadas demasiados enemigos, tesoros, persecuciones y conflictos como para resolverlos todos con tanta rapidez. Aun así, el grupo sobrevive, JJ permanece presente en el recuerdo de todos y los Pogues consiguen finalmente aquello que perseguían desde el principio: un futuro juntos y sin tener que huir constantemente.