Marta Ortega concede tan pocas entrevistas que cada una de sus palabras adquiere una relevancia particular. Esta vez ha permitido que Vogue Estados Unidos entre en los espacios que normalmente mantiene cerrados: su despacho en Arteixo, los jardines de su casa, su matrimonio, su maternidad y la relación con un padre cuya trayectoria resulta imposible imitar.
La presidenta no ejecutiva de Inditex, de 42 años, ha sido fotografiada por Annie Leibovitz para el número de septiembre de la revista. En una de las imágenes posa entre la vegetación de su vivienda en el noroeste de España, vestida con prendas de Zara. En otra aparece en la sede de la compañía que fundó su padre hace más de medio siglo. El escenario elegido es el mismo en el que transcurre su vida: Galicia, su familia y la empresa.
La entrevista firmada por Gaby Wood dedica una parte considerable a la transformación cultural de Zara y a la defensa de su modelo productivo. Pero sus revelaciones más llamativas están en los detalles con los que dibuja una vida privada hasta ahora apenas conocida.
Dejó la competición hípica para pasar los fines de semana con sus hijos
Comenzó a montar de niña, después de que una niñera británica la llevara a caballo en La Coruña, y a los diez años ya estaba completamente entregada a ese mundo. Compitió durante años en salto de obstáculos y mantuvo esa disciplina incluso cuando estudiaba Empresariales en Londres y cuando comenzó a trabajar como dependienta en la tienda de Zara de King’s Road.
Tras el nacimiento de Amancio, su primer hijo, fruto de su matrimonio con el jinete olímpico Sergio Álvarez Moya, intentó regresar a la competición. Sin embargo, poco a poco comprendió que no quería dedicar todos los fines de semana a entrenar y desplazarse mientras su hijo crecía lejos de ella.
Marta Ortega, que se separó hace año y medio, junto a Carlos Torretta, su nueva pareja larazon
La maternidad terminó imponiéndose definitivamente después del nacimiento de Matilda, la primera de sus dos criaturas con Carlos Torretta. Su familia está formada por Amancio, de 13 años; Matilda, de seis, y Manuel, de dos. A ellos se ha unido recientemente un cachorro de Jack Russell de pelo largo.
Abandonar la competición no significó romper con los caballos. Marta comparte ejemplares deportivos en Países Bajos con el hijo de quien fue su primer entrenador y posee una escuela de equitación en La Coruña que también ofrece terapias para niños con discapacidad.
Carlos Torretta y ella se conocieron en Nueva York y funcionan por oposición
Marta Ortega conoció a Carlos Torretta en enero de 2016 gracias a un amigo común. Los tres cenaron en Sant Ambroeus, uno de los establecimientos más conocidos del West Village neoyorquino. Él llevaba casi una década viviendo en la ciudad y trabajaba en una oficina de la agencia de modelos Elite.
En abril ya eran pareja y, antes de que terminara el año, Carlos regresó a España. Se casaron en La Coruña en noviembre de 2018, en una celebración que reunió durante varios días a figuras internacionales de la moda, el arte y la sociedad. Para la boda, Pierpaolo Piccioli diseñó cuatro creaciones de Valentino. Una de ellas, un vestido rosa de moiré con un gran lazo, estuvo a punto de ser descartada porque Marta consideraba que no respondía a su personalidad. Cinco minutos después cambió de opinión y terminó bailando con él hasta las tres de la madrugada.
Fotografía, remitida por los contrayentes, de Marta Ortega y Carlos Torretta, durante la ceremonia en la que contrajeron matrimonio en A Coruña (Foto: EFE/Peter Lindberg) larazon
Torretta se incorporó posteriormente a Zara, donde ocupa la dirección de comunicación. Marta lo define como una «enciclopedia andante», mientras él se refiere a Inditex como la mayor empresa familiar del mundo. El empresario define su matrimonio en la revista como «el yin y el yang». Y añade: «Yo hablo muchísimo, ella habla menos. Ella es hiperorganizada y yo soy más caótico. Al final creo que hacemos muy buen equipo».
No pretende ser como Amancio Ortega porque considera que nadie podrá serlo
La revelación más significativa está relacionada con su padre. Marta preside un grupo de 163.000 empleados que el último año obtuvo 6.200 millones de euros de beneficio neto. Desde que asumió la presidencia no ejecutiva en abril de 2022, cada una de sus decisiones se ha examinado como parte de una sucesión histórica.
Sin embargo, asegura que no vive esa continuidad como una presión. Siente orgullo, no necesidad de competir. «No quiero ser como mi padre, porque nadie lo será», afirma al hablar de Amancio Ortega, que acaba de cumplir 90 años y continúa acudiendo habitualmente a la sede de la empresa.
Amancio Ortega junto a su hija Marta, en una imagen de archivo larazon
Padre e hija trabajan cerca, en espacios abiertos. Su objetivo no consiste en reproducir a Amancio, sino en continuar la esencia de Zara utilizando un lenguaje propio. Asegura encontrarse en un buen momento vital: disfruta de su trabajo, está rodeada de profesionales a los que admira y puede desempeñar esa responsabilidad sin alejarse de su familia.
La mayor influencia en su carácter, no obstante, fue su abuela materna. Marta pasó mucho tiempo con ella durante la infancia porque Amancio y Flora trabajaban intensamente en Zara. Aquella mujer había criado a ocho hijos y no juzgaba a nadie por su procedencia o por su oficio. Solo le importaba que fuese trabajador y honrado.
Con ella confeccionaba ropa para sus muñecas, un juego infantil que adquiere otro significado visto desde el presente, bajo la dirección del mayor grupo de distribución de moda del mundo.