El virus del ébola continúa expandiéndose por la República Democrática del Congo (RDC). Tres meses después de que se declarara el brote el país ya supera los 5.200 contagios y los 2.400 fallecidos. Al mismo tiempo, las autoridades sanitarias africanas alertan de … que la enfermedad presenta indicios de una posible emergencia pandémica. Ahora, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha autorizado el envío de 70.000 dosis de una vacuna cuya eficacia frente a la variante responsable del brote todavía no ha sido demostrada en humanos.
De media, cada 24 horas se registran 103 nuevos casos y 35 muertes, según el último balance del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño. Desde que comenzó la epidemia, 5.208 personas se han contagiado y 2.476 han fallecido, lo que mantiene la tasa de letalidad por encima del 46%. Sin embargo, el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estima que solo se están detectando entre el 30 y el 40% de los casos, de manera que el número real de afectados podría llegar a ser hasta tres veces superior.
El responsable de preparación y respuesta ante emergencias del CDC africano, Yap Boum, ha advertido a EP de que el brote continúa representando un riesgo «muy elevado» para la salud pública y que, además, comparte características con una posible emergencia pandémica. La gravedad de la enfermedad, la complejidad de su transmisión y el impacto que ya está teniendo en el sistema sanitario son algunos de los motivos.
En este escenario, RDC intenta ganar terreno frente al virus con las vacunas. La OMS ha anunciado el lanzamiento de 70.000 dosis de Ervebo, directas de la reserva mundial de vacunas contra el ébola. Pero esta inyección no está destinada a la cepa de Bundibugyo, que está detrás de este brote, sino que está autorizada para combatir la variante Zaire ebolavirus. De hecho, la de Bundibugyo no tiene ninguna aprobada.
Las primeras pruebas en laboratorio testadas en animales apuntan a que Ervebo, al menos, podría proporcionar cierto grado de protección a ambas variantes, sin que de momento se haya probado en humanos. De las dosis asignadas, 20.000 se reservarán para un ensayo clínico de fase 3 destinado a determinar si la vacuna puede proteger frente a Bundibugyo. Todas ellas se administrarán siempre que las personas que vayan a recibirlas hayan sido previamente informadas de que su eficacia frente al virus todavía no está demostrada y presten su consentimiento informado. Las otras 50.000 se administrarán a trabajadores sanitarios y personal en primera línea, siguiendo las recomendaciones del Grupo de Expertos de Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (SAGE) de la OMS.
Una vacuna a contrarreloj
Desde que comenzaron los contagios no había ningún preparado autorizado, por ello, la OMS se vio obligada a acelerar una carrera científica que desde ese momento ha discurrido por diferentes caminos. En los últimos meses se han estudiado distintos candidatos desarrollados específicamente contra Bundibugyo. Dos de ellos han llegado ya a ensayos de fase 1 en humanos. Al mismo tiempo, los resultados de Ervebo en animales abrieron una segunda posibilidad: comprobar si una vacuna que ya existe puede servir también contra esta variante.
Mientras avanzan los ensayos, la RDC continúa aislando a los enfermos, pendientes del seguimiento de contactos, enterrando a los fallecidos de manera segura y con la detección temprana de nuevos contagios. Una tarea especialmente complicada ante el temor de parte de la población, donde existe realmente pavor a las pruebas médicas por posibilidad de contagio; las dificultades económicas y, sobre todo, la posibilidad de que seis de cada diez casos se escapen del ojo sanitario.
