La carrera por la sucesión de António Guterres va aclarándose poco a poco. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer hasta saber quién encabezará la ONU a partir del próximo 1 de enero y el camino puede deparar grandes sorpresas, dos mujeres destacan por ahora como las favoritas: la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, la vencedora de la consulta informal realizada este viernes entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad, y la costarricense Rebeca Grynspan.
Pero cuidado. No conviene sacar ninguna conclusión definitiva. Las votaciones realmente importantes, en las que queda claro a qué candidatos vetan los cinco miembros permanentes del máximo órgano de la ONU, no han comenzado aún. Hasta que llegue ese momento, el nombre del próximo (o próxima) secretario general seguirá siendo una incógnita.
El buen resultado de Rodrigues-Birkett —ocho apoyos y tan solo tres votos en contra— confirma la fortaleza de una candidatura que presentó más tarde que la mayoría. La exministra de Exteriores y actual embajadora de Guyana en la ONU ya dejó una sensación de que iba muy en serio en el debate entre candidatos celebrado en Nueva York el pasado 23 de julio.
Rodrigues-Birkett adelanta ahora a Grynspan, que en la anterior votación, celebrada el 30 de julio, había sido la primera. La candidatura de la antigua vicepresidenta de su país y actual secretaria de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha perdido algo de fuelle, con siete votos afirmativos y cuatro negativos. Pero en cualquier caso se confirma la tendencia de julio. Las dos mujeres se intercambian los dos puestos de liderazgo. Así que, por ahora, el juego está entre ellas.
Mujer y americana
Si cualquiera de las dos alcanzara su objetivo, se cumplirían dos de las condiciones que se habían establecido al comenzar la carrera. Por primera vez en los más de 80 años de historia de la ONU, una mujer alcanzaría la cima del organismo, lo que supondría una importante noticia en la lucha por la igualdad. Y también lo haría una persona procedente de la zona de América Latina y el Caribe, respetándose la rotación regional en la secretaría general.
El argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, se ha quedado en ambas ocasiones en el tercer puesto. Este es un candidato que en algún momento se vio como favorito, pero que parece estar desinflándose.
El complicado y opaco proceso para elegir quién estará al frente de la ONU en esta época de turbulencias geopolíticas no ha entrado aún en la fase clave. Esta llegará cuando comiencen las que se conocen como votaciones de color. Entonces se sabrá a qué candidatos vetan los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia—, que son los que acaban decidiendo de verdad quién gana en esta partida de ajedrez con casi tantos jugadores como países hay en el mundo.
El proceso para elegir al nuevo líder de la ONU puede alargarse aún varios meses. No hay nada escrito, pero los diplomáticos consultados consideran que lo deseable sería que concluyera en octubre. Así se daría al elegido unos meses para configurar su equipo y prepararse de cara a un mandato que comenzará el 1 de enero del próximo año. Pero nada garantiza que esto vaya a ser así. Ni siquiera se puede estar seguro de que el elegido esté entre los ocho nombres que hay ahora sobre la mesa. En cualquier momento se puede presentar un nuevo candidato que descabalgue los planes y obligue de nuevo a repartir las cartas.
Una vez que el Consejo de Seguridad haya decidido un nombre —paso para el que hacen falta nueve votos a favor y ningún veto de los cinco grandes—, este se presentará a votación de los 193 miembros de la Asamblea General. Salvo sorpresa mayúscula, este organismo confirmará lo que los países más poderosos en la ONU hayan cocinado previamente.
Además de Rodrigues-Birkett, Grynspan y Grossi, en la carrera continúan cinco candidatos que ven poco a poco cómo se van diluyendo sus posibilidades. En la votación de este viernes, en cuarto y quinto puesto han quedado los dos candidatos africanos, el senegalés Macky Sall y el ugandés Olara Otunnu. También parecen ya fuera de la carrera la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, y las dos candidatas ecuatorianas, María Fernanda Espinosa e Yvonne Baki.
Baki ha sido la última en unirse al grupo. La exministra de Comercio y antigua presidenta del Parlamento de Ecuador presentó su candidatura esta misma semana, que se ha visto como un intento de sondear un nombre que podría ser del gusto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La ecuatoriana ha elogiado al mandatario republicano, se ha dejado fotografiar con una gorra con la frase “Hacer grande a la ONU de nuevo” —un remedo del lema trumpista “Hacer grande a Estados Unidos de nuevo”— y en su presentación del jueves ante la Asamblea General dejó frases como “no soy feminista, sino femenina”. El experimento no parece haber funcionado. Este viernes cosechó un total de cero votos a favor, además de ocho noes y siete abstenciones.