CaixaBank presentó a finales de julio un beneficio de 1.630 millones de euros en el segundo trimestre, un 10% más, elevó la rentabilidad sobre recursos propios hasta el 18% y mantuvo intactos sus objetivos para 2026 y 2027. Lo lógico habría sido pensar que unas cuentas así servirían para apuntalar la cotización, pero sus acciones llegaron a caer alrededor de un 6% cuando presentó sus resultados.
La pregunta, por tanto, no es si CaixaBank ganó más o menos dinero, porque ganó más, sino por qué una empresa puede mejorar sus resultados y, aun así, recibir un castigo bursátil. Y lo interesante es que no estamos ante una excepción aislada, sino ante una pauta que se está repitiendo este verano con compañías de sectores muy distintos.
Basta mirar a Wall Street para comprobarlo. De las primeras 432 compañías del S&P 500 que habían publicado resultados del segundo trimestre, 364, el 84%, superaron las previsiones de beneficio de los analistas. La mayoría de esas 364 acciones cayó, sin embargo, en la sesión siguiente a presentar sus cuentas, según datos de Dow Jones Market Data.
FactSet ofrece otra medida de hasta dónde está llegando esta temporada. A comienzos de agosto, el 86% de las compañías que habían presentado cuentas superaba las estimaciones de beneficio, frente al 78% de media de los últimos cinco años. Incluso eliminando el fuerte efecto de Alphabet y Amazon, los beneficios publicados superaban las previsiones en un 10,9%, frente a una media cercana al 7% en los últimos años.
Si tantas compañías están ganando más de lo esperado, lo normal sería que la Bolsa las premiara. Bank of America calcula, sin embargo, que las empresas que superaron simultáneamente las previsiones de ingresos y beneficios subieron de media solo un 1,2% al día siguiente, por debajo del 1,4% histórico. En tecnología ha ocurrido algo todavía más extraño, porque las compañías que batieron ambas previsiones cayeron de media alrededor de un 1%
Detrás del beneficio
Una parte de la explicación aparece cuando se mira qué hay detrás de esos beneficios. No vale lo mismo crecer con poca inversión adicional que hacerlo gastando cada vez más, ni presentar unas cifras récord cuando los pedidos siguen acelerándose que cuando empiezan a enfriarse. La cuenta de resultados mira lo que acaba de ocurrir y la cotización intenta anticipar lo siguiente.
Esa diferencia se está viendo con especial claridad en la inteligencia artificial (IA), donde levantar centros de datos, comprar chips y asegurar capacidad eléctrica exige inversiones cada vez mayores. De ahí que el flujo de caja libre, el dinero que queda después de pagar esas inversiones, esté ganando peso junto al tradicional beneficio por acción.
Alphabet ofrece otro buen ejemplo. La matriz de Google elevó sus ingresos un 24% y superó las previsiones de beneficio por acción, pero necesitó gastar 44.920 millones de dólares durante el trimestre y terminó registrando flujo de caja libre negativo por primera vez desde que cotiza en Bolsa.
El día después
Pero reducir el fenómeno a la IA sería quedarse corto. Philips superó a finales de julio las expectativas de rentabilidad y elevó su previsión anual de margen, pero sus acciones llegaron a caer alrededor de un 9% porque los pedidos decepcionaron y la debilidad de China abrió dudas sobre la segunda mitad del año.
CaixaBank y Philips terminan así en el mismo sitio pese a no parecerse prácticamente en nada. Una ganó más, pero mantuvo sus previsiones, y la otra mejoró márgenes mientras los pedidos perdían fuerza. En ambos casos, el mercado pasó rápidamente de las cuentas que acababan de publicar a las que todavía no existen.
Ese problema se hace todavía mayor cuando la cotización llega después de una fuerte subida. Cuanta más mejora futura incorpora ya el precio, mayor es la cantidad de crecimiento que una compañía tiene que confirmar cada vez que publica sus cuentas.
El examen Nvidia
Todo esto conduce a Nvidia, que presenta resultados el 26 de agosto después de convertirse en uno de los principales termómetros de la inversión mundial en IA. La compañía puede volver a crecer a doble dígito y batir las previsiones, pero también pesará cuánto están dispuestos a seguir gastando Microsoft, Alphabet, Meta o Amazon y qué rentabilidad están consiguiendo con todas esas inversiones.
Nvidia puede volver a presentar unas cifras espectaculares el miércoles y, enfrentarse, aun así, a un examen más difícil que hace un año.