El proceso judicial contra Meta por el supuesto carácter adictivo de plataformas como Instagram y Facebook puede marcar un antes y un después en … la responsabilidad de las grandes tecnológicas digitales. Itziar Alkorta sigue con especial interés desde Donostia el juicio contra este gigante tecnológico que se celebra estos días en California, un proceso lleno de entresijos jurídicos que desgrana para el ciudadano de a pie como profesora de Derecho Civil en EHU y experta en regulación de nuevas tecnologías. «Si se demuestra que el diseño es adictivo, habrá una oleada masiva de demandas», afirma.
– Esta demanda no es la primera contra Facebook, Instagram o TikTok. ¿Por qué es tan importante este juicio?
– Es cierto que no era una sorpresa, porque ya ha habido juicios anteriores y condenas en Estados Unidos contra Meta, pero es especialmente importante porque ya tiene un alcance federal. Lo que decida la jueza en este caso tendrá un impacto muy importante, no solo a nivel de Estados Unidos. Va a tener valor en todo el mundo. Además, hay un gran cambio. Ya no se trata del control de los contenidos –hasta ahora Meta argumentaba que son responsabilidad de los usuarios– sino de la forma en la que ha sido diseñada la propia plataforma. Tengo esperanza de que ese salto se va a dar: demostrar que son intencionadamente adictivas y que generan un riesgo especialmente para los menores de edad.
– ¿Cómo nos va a afectar a los usuarios europeos?
– Si finalmente Meta es responsable de lo que se le acusa y tiene que hacer cambios en su diseño, evidentemente va a provocar también cambios en el diseño de la plataforma, tanto de Instagram como de Facebook, para todo el mundo. Además, probablemente eso tendrá un efecto regulatorio, es decir, que lo que va a ocurrir en Oakland será estudiado por la Comisión Europea, por los legisladores y por las autoridades de protección de datos, y probablemente se generarán también unas normas.
– Que el juicio se celebre en California, cuna de la tecnología, tiene algo de paradójico.
– Sí, el lugar en el que se produce es importante. California tiene un peso enorme en tecnología, es la sede social de la mayoría de estas empresas y es la jurisdicción de origen de muchas de ellas. Tiene un valor simbólico.
– ¿Se podría decir que estamos ante un cambio de paradigma en cuanto a la responsabilidad de las plataformas digitales?
– Podría provocar un cambio de paradigma, pero para eso habría que probar dos cosas.
– ¿La primera?
– Que científicamente se puede demostrar que son adictivas, sobre todo para adolescentes. Esto es algo difícil de probar.
– ¿Y la segunda?
– Que Meta lo sabía, pero no dijo nada.
– Hasta hace no muy poco parecía que nadie podía contra estos gigantes tecnológicos. ¿Cree que la demanda va a prosperar o quedará en saco roto?
– Bueno, creo que poco a poco se han ido generando algunas evidencias. Por ejemplo, ya hay indicios de que Meta lo sabía. El otro día declaraba uno de los exempleados, Arturo Béjar, antiguo responsable de Ingeniería y Seguridad en Facebook, que defiende que dentro de la compañía ya se conocían los problemas que afectaban a los adolescentes, pero que las soluciones que proponía él no se atendían porque la compañía entendía que perjudicaba el ‘engagement’, las métricas de uso y de crecimiento. Por otro lado, también empieza a haber evidencia científica, aunque no sea tan rotunda como la adicción al tabaco con la que se está comparando.
– ¿Y si finalmente se consigue demostrar que el diseño es adictivo?
– Habrá tres efectos. Uno será el de la condena a dotar de unos fondos multimillonarios para reparar y para prevenir los daños. En segundo lugar, la obligación de cambiar el diseño para que no sea adictivo. Y en tercer lugar, va a haber una oleada masiva de demandas que van a intentar demostrar que hay una causa-efecto y no solamente una correlación entre la salud mental y el uso de las plataformas.
– Se ha dicho que el algoritmo de las redes sociales funciona como el de una máquina tragaperras, sin embargo estas están legalizadas y reguladas.
– Como se sabe, hay una limitación de edad para jugar a las tragaperras. En el caso de las redes sociales es lo mismo. Teóricamente también la hay, pero nadie lo controla. De hecho, uno de los aspectos más interesantes que se están discutiendo es si Facebook e Instagram saben que están dirigiéndose a menores de edad y que no hacen nada para evitarlo. Hay evidencias que se están planteando en el juicio que demuestran que efectivamente esto es así, que saben que los menores no han declarado su edad, que se hacen pasar por personas mayores de edad y que a pesar de todo las siguen utilizando y están haciéndose con sus datos personales sin consentimiento.
– …
– Asimismo, en relación a la comparación con las tragaperras, las redes sociales no advierten en ningún caso que pueden generar daños y que son adictivas. Si realmente se demuestra, las redes sociales deberían establecer medidas para mitigar esos riesgos para la salud que actualmente no tienen. Y esto también sería una novedad muy importante.
– ¿Quién tiene la responsabilidad de proteger a un menor en una red social a nivel jurídico, las plataformas, los gobiernos…?
– La responsabilidad en este caso sería de las empresas que producen ese software, que producen esas plataformas y esas redes sociales, de cumplir con la ley. Hay leyes que limitan el uso de las redes sociales a menores de 13 años. Y luego hay una responsabilidad como consumidores, tanto menores como adultos. Tenemos que usar productos que sean seguros para nuestra salud y que no generen riesgos. Y en el caso de que lo hagan los tenemos que conocer para poder utilizarlos con seguridad.
– Comienza a aflorar una oleada de demandas colectivas en Italia, Francia… contra Meta, TikTok o Snapchat. ¿Están prosperando?
– Bueno, en este momento todavía no hay una sentencia definitiva ni en Estados Unidos ni en Europa que condene a estas empresas directamente por esos daños. Pero nos estamos acercando. En Europa, hay intentos por parte de la Comisión Europea; en abril ya condenó a Meta por problemas de diseño. Y también hay particulares que están intentando que haya un reglamento específico para regular estos servicios.
– En este sentido, ¿qué le dice que se estén produciendo demandas por parte de asociaciones y de los propios particulares?
– Dice mucho a nivel social. Es decir, parece que hemos sido de alguna manera muy condescendientes en el uso de estas plataformas, sin embargo, creo que sería excesivo responsabilizar a la sociedad y a los padres de haber cedido y ser permisivos con estas redes sociales cuando realmente había una intención de enganchar a los jóvenes a estas plataformas. Creo que jugamos con desventaja cuando intentamos que los menores sean responsables y hagan un uso controlado, puesto que han sido diseñadas para lo contrario.
– El Consejo Constitucional de Francia ha tumbado la prohibición de acceso a redes sociales a menores de 15 años al considerar que «vulnera de forma desproporcionada la libertad de expresión y comunicación de los jóvenes». ¿Cómo influye esta decisión?
– Puede parecer contraintuitiva. Es verdad que tenemos que ser muy cuidadosos con el respeto de la libertad de expresión y de la proporcionalidad de las medidas, porque en otro caso, corremos el riesgo de generar controles excesivos y de limitar la libertad de expresión. Es muy importante ponderar. Esto también se alega en el juicio en Estados Unidos, hay una necesidad de garantizar que los usuarios puedan expresarse en redes y, por otra parte, hay una necesidad de proteger a los usuarios vulnerable. El debate está en cuál sería la edad adecuada para garantizar que las personas puedan hacer uso de las redes sociales sin que se generen riesgos para su salud mental. En España, por ejemplo, también hay un proyecto de ley que pretende subir la edad de uso a los 16 años.