La elección del proyecto ganador para la reforma arquitectónica del complejo de Gesa no ha quedado exenta de controversia. Pere Rabassa, arquitecto de reconocido prestigio y uno de los miembros del jurado encargado de valorar los diez anteproyectos finalistas, cuestionó en un voto particular la decisión de otorgar la máxima puntuación a ACORD440, de Cruz y Ortiz Arquitectos, y advirtió de que las modificaciones planteadas por el propio jurado afectan a elementos esenciales de la propuesta.
ACORD440 obtuvo 84 puntos, frente a los 79 de FRONT006, que quedó en segundo lugar. Los miembros del jurado coincidieron en considerar ambas propuestas como las más destacadas del concurso, aunque hubo algunas discrepancias sobre cuál debía resultar vencedora.
Rabassa fue uno de los miembros que se posicionó en contra del resultado final. En su voto particular señaló que las recomendaciones formuladas por el jurado sobre la propuesta ganadora afectan al aparcamiento, el parque y la intervención sobre el propio edificio de Gesa, hasta el punto de que, a su juicio, «suponen una alteración muy importante del diseño y hasta lo convierten en un nuevo proyecto».
El arquitecto Pedro Rabassa
Por este motivo, el arquitecto considera que el jurado «hubiera podido declarar desierto el concurso». Su discrepancia no se limita, por tanto, a una cuestión estética o a una preferencia entre dos propuestas, sino que cuestiona que el proyecto finalmente elegido pueda desarrollarse manteniendo las características esenciales con las que obtuvo la máxima puntuación.
Rabassa considera, además, que FRONT006 debería haber resultado ganador. En su opinión, el proyecto que quedó en segundo lugar demuestra un mayor conocimiento del entorno de Gesa, al establecer una relación coherente con el barrio de ses Veles, el centro histórico, la autopista y el litoral.
Uno de los principales puntos de discrepancia afecta al propio edificio de Gesa, protegido como Bien Catalogado del patrimonio histórico de Mallorca desde 2007, y está sujeto a unas condiciones específicas de protección. Según Rabassa, ACORD440 «incumple de manera flagrante» la ficha de catálogo, porque plantea eliminar elementos como el cuerpo de accesos, las escaleras celosía y el Mural de Lluís Castaldo, además de la lámpara diseñada por Ferragut.
A su juicio, resulta contradictorio que se premie una propuesta que, precisamente en elementos que considera fundamentales, requiere posteriormente modificaciones de gran calado para poder ejecutarse.
Las dudas también afectan al aparcamiento. El acta del jurado incluye entre sus observaciones la recomendación de que éste se circunscriba preferentemente al soterramiento de la calle Joan Maragall, desplazándose fuera de la zona verde, así como el estudio de la eliminación de la última plaza del aparcamiento subterráneo.
Rabassa señala que estas soluciones ya estaban contempladas en FRONT006, la propuesta que quedó segunda. De ahí su crítica a que el proyecto ganador pueda incorporar posteriormente soluciones que se aproximan a las planteadas por el anteproyecto que no resultó elegido. «Lo que no puede ser es darle a uno y hacer lo que hace otro», resume el arquitecto.
El Ajuntament, según reconoce Rabassa, tendría capacidad jurídica para exigir al equipo ganador la incorporación de determinadas modificaciones. Su objeción se sitúa, sin embargo, en el terreno arquitectónico y en el propio funcionamiento del concurso: considera que no resulta adecuado introducir cambios de una magnitud que alteren sustancialmente una propuesta que fue valorada y premiada en sus condiciones originales.
El arquitecto también cuestiona el proceso de análisis seguido por el jurado. En su opinión, «el jurado no le dedicó el suficiente tiempo de análisis a las propuestas», especialmente ante las contradicciones existentes entre las bases del concurso y algunas de las soluciones planteadas por los finalistas.
El proyecto definitivo
La controversia abre ahora una cuestión sobre cómo deberá desarrollarse el proyecto definitivo. Durante las deliberaciones del jurado se planteó la posibilidad de crear un equipo o comisión de seguimiento encargado de comprobar que la intervención final sobre Gesa respete las características arquitectónicas y patrimoniales del edificio.
Rabassa considera que ese mecanismo de supervisión debería contar con una participación relevante de los organismos municipales competentes en materia de patrimonio y centro histórico, además de incorporar mecanismos de participación ciudadana.