Cuando Eleanor escribía esto, ella y su marido se encontraban inmersos en el rodaje de Apocalipsis Now (en el que Harrison Ford tendría un pequeño papel), uno de los más intensos y catastróficos de la historia. Siempre que se habla de aquel largo proceso se mencionan los monzones que azotaron el sureste asiático, el ataque al corazón de Martin Sheen, la guerrilla no de Vietnam sino de Filipinas que sufría el país, el desaforado consumo de drogas del equipo… y no se habla tanto del desaforado consumo de mujeres del director, Coppola, sumergido en una megalomanía similar a la del Kurtz que había creado Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas. Precisamente, uno de sus apoyos en su desquiciada y errante visión de lo que tenía que ser la película era Melissa, convertida en su amante. “Era como la chica que se enamora perdidamente de su profesor”, contó Coppola a Peter Biskind. “Su confianza en mí me hacía sentir seguro… La confianza es algo muy importante cuando todos te dicen que vas a fracasar. Por eso, Melissa siempre me hacía sentir en el séptimo cielo, como si me dijera que tenía talento y que iba a conseguir lo que quisiera”.
Dese luego, ella le adoraba y él, por su parte, aseguraba “es la mejor en la cama que he tenido”. No era la única. Biskind recoge que durante el rodaje el director tuvo una aventura con una actriz porno y con Linda Carpenter, ex conejita de Playboy de agosto del 76 con el nombre de Linda Beatty. Coppola lo niega, pero desde luego no podía negar la presencia de Mathison, que acudía a verle de vez en cuando y a quien le había encargado que escribiera el guion de El corcel negro.
Coppola despreciaba públicamente a su esposa mientras pasaba de amante en amante. En el libro de Biskind se recogen declaraciones suyas como: “Mira, hay estas tres mujeres en mi vida, y cada una de ellas es muy distinta, cada una de ellas ocupa un lugar distinto. No le hago daño a nadie. Todo esto depende de mí, todo lo que hago me hace muy feliz y, además, todo el mundo saca su tajada. Eleanor y mi familia son felices porque yo soy feliz”. Mientras, Eleanor escribía en su diario: “Nunca, en ninguna de sus películas, lo había visto tan alterado. Siempre fue un auténtico sufridor, un atormentado. Es una especie de frenesí… Si digo algo en contra, lo toma por desaprobación, deslealtad o celos. Siento como si le faltara cierta capacidad de discriminación, esa sutil discriminación que traza la línea entre lo que es visionario y lo que es locura. Estoy aterrorizada”.
Llegaron a hablar de divorcio, lo que hubiera escandalizado a la familia italiana de él, que ya veía con bastante horror que estuviese liado con la ex niñera de sus hijos. En cierto momento, todo durante el rodaje de la película, Francis le confesó a su esposa que estaba enamorado de otra mujer. “La emoción me inundó como una marea”, escribió Ellie. “Fue un golpe en el pecho que me hizo retroceder. En realidad, me había sentido a gusto tragándome sus mentiras. Parecía Kay en la última escena de El padrino. Todo le dice que su marido es un asesino y, cuando se lo pregunta, él le dice que nunca ha matado a nadie y ella se lo cree”. Recordemos que, a todo esto, a Eleanor le había disgustado que Diane Keaton le contase que había construido el personaje de Kay en El padrino basándose en ella, la WASP en manos del marido todopoderoso que elige vivir una mentira (a la vez, Diane Keaton y Al Pacino había iniciado un romance tras el rodaje de El padrino II, complicando más la frontera entre realidad y ficción). “Y yo, año tras año, tuve todos esos indicios: los regalitos, las notas, las cosas que encontraba en los bolsillos de Francis después de un viaje, el pin que le enviaron a Filipinas y que él llevaba en el sombrero como amuleto de la buena suerte. Y cuando le preguntaba, lo que me contestaba era: ‘Pero Ellie, si es sólo una amiga, me ha ayudado mucho… No representa una amenaza para ti’. Yo me lo creía, negaba la evidencia. No quería ver la verdad”. Pero a la vez, la perspectiva resultaba tan dolorosa como emocionante: “Una parte de mí ha estado esperando que Francis me dejara, o que muriese, para poder vivir mi vida como quiero vivirla”, reconoce Eleanor.