Romina Rivera Cruz, la niña violinista con fibrosis quística que llegó a tocar en el Vaticano ante el Papa, ha muerto a los 10 años. 

La noticia ha sido confirmada por el Sistema de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Venezuela, del estado de Portuguesa. «Recordaremos siempre tu sonrisa, tu amor por el arte y tu brillante talento. Es muy duro perder a uno de los nuestros», han lamentado.

La venezolana, todo un prodigio del violín, formaba parte del Núcleo Acarigua-Araure, así como de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela, gracias a la cual pudo viajar al Vaticano, donde actuó para el papa León XIV el pasado 2025. Medios locales han recordado su participación durante los actos eclesiásticos en Roma por la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, donde brilló como solista al interpretar la obra Danzón, del compositor Arturo Márquez.

«Era una niña muy disciplinada, estudiosa, talentosa y feliz«, ha descrito Raquel Castillo, directora regional de Portuguesa en un medio local.

También el colegio donde estudiaba la pequeña Romina, Nuestra Señora del Pilar, ha expresado su pesar ante la triste noticia. «Descansa en paz, dulce Romina. Tu luz y recuerdo permanecerán siempre en las aulas y en el corazón de quienes te conocieron», han manifestado. «En estos momentos de indescriptible dolor, expresamos nuestras más sinceras y sentidas palabras de condolencia a sus padres, familiares, compañeros de clase y docentes. Que Dios les conceda la fortaleza necesaria para afrontar tan irreparable pérdida y llene de paz sus corazones», han agregado desde el centro.

Su madre, Claribeth Cruz, ha contado a través de un mensaje publicado en redes sociales cómo vivió la pequeña los 10 días que estuvo ingresada en el hospital Jesús María Casal Ramos de Acarigua antes de morir. «Mi hija tenía una condición base, llamada fibrosis quística. Sin embargo, la muerte de ella fue por falta de conocimiento médico. Fue atendida por distintos médicos que desconocían la patología y que no permitieron el enlace con su neumólogo de cabecera, la doctora que la veía en la unidad de fibrosis quística», ha denunciado la progenitora.

«Sé que con esto no voy a recuperar a mi hija, pero también sé que así como ella padeció estos 10 días en el hospital, muchos niños también lo deben de haber pasado o quizás lo pasen», ha avisado Claribeth. «La falta de conocimiento del personal médico apagó la luz de mi hija, la oportunidad y el sueño que ella tenía», ha lamentado. 

«No tienen las condiciones necesarias para que un paciente con esa complejidad esté aquí hospitalizada y sin embargo lo que hicieron fue hacerle series de estudios y exámenes que llegaron a descompensar a mi hija. Mi hija pasó a ser estudio práctico de cada uno de los médicos que estaban ahí, estudiantes o no, de guardia», ha denunciado.