“Los seres humanos son exploradores por naturaleza, y con ellos llegan sus voces, sus recuerdos… y sus microbios”, dice Prabal Saxena, científico de la NASA. Saxena es el director de un reciente estudio científico de la NASA publicado en ‘Science Advances’ que ha hallado que algunos de los microbios terrestres que llevan consigo los astronautas podrían sobrevivir en la región del Polo Sur de la Luna, una zona con grietas y sombras donde las temperaturas son más bajas y los posibles microorganismos podrían quedar protegidos de la radiación letal.

¿Qué implica este descubrimiento? Cabe aclarar, subraya la NASA, que sobrevivir no significa que esos microbios puedan instalarse y multiplicarse en la Luna. Los investigadores no han encontrado pruebas de que dicho satélite reúna elementos fundamentales (como el agua líquida, temperaturas moderadas o una atmósfera) para que microorganismos puedan crecer y reproducirse. El estudio más bien presenta una preocupación de cara a próximas investigaciones.

¿Por qué preocupa a la NASA?

El principal problema no es que estos organismos vayan a colonizar la Luna. El temor es contaminar científicamente un lugar que los investigadores quieren estudiar tal y como era antes de la llegada humana.

Es inevitable que los astronautas transporten microbios. La NASA pone un ejemplo muy gráfico: en una superficie de nuestra piel del tamaño de la goma de borrar de un lápiz puede haber, de media, alrededor de un millón de bacterias. Parte de estos organismos puede acabar liberándose desde los trajes espaciales o los lugares donde viven los astronautas.

Si en el futuro se encuentra una determinada señal química en una muestra lunar, los científicos necesitarán saber si estaba allí originalmente o si llegó desde la Tierra junto con los astronautas. Por eso consideran importante estudiar qué contaminantes existen antes de aumentar la presencia humana en la superficie. Entre los microorganismos analizados está el Aspergillus niger, un hongo habitual en lugares cálidos y húmedos de la Tierra que también ha sido detectado dentro de la Estación Espacial Internacional y que ha demostrado poder sobrevivir incluso en su exterior.

Importante antes de ir a Marte

La cuestión será especialmente importante en futuras exploraciones de Marte, donde uno de los grandes objetivos científicos es precisamente buscar posibles señales de vida. Encontrar un microorganismo terrestre llevado accidentalmente por una misión y confundirlo con una señal originaria de otro mundo sería un problema considerable.

“Necesitamos entender qué había allí antes de nuestra llegada, porque cuando vayamos a Marte en busca de señales de vida más allá de nuestro planeta, vamos a querer asegurarnos de que no se trate de elementos que nosotros mismos hayamos llevado”, explica Andrew Needham, científico especializado en el control de contaminación de muestras lunares del programa Artemis en el centro Goddard.

La NASA ya utiliza procedimientos muy estrictos para reducir la contaminación biológica de las misiones robóticas. Algunas naves pueden incluso ser sometidas a temperaturas superiores a los 204 grados para eliminar organismos vivos.