¿Por qué el incendio de Las Peñas de Riglos ha sido tan voraz y tan difícil de controlar?

Su especial complejidad se ha debido a varios factores. Por un lado, la meteorología de la que se venía, con falta de precipitaciones, temperaturas muy elevadas y muy baja humedad, y la que había en el momento del incendio. Además, se ha desarrollado en un entorno con una gran continuidad de combustible con elevada disponibilidad y con una orografía abrupta. Aunque también es cierto que es uno de los sitios prioritarios donde se han venido haciendo actuaciones tanto de gestión forestal como de prevención de incendios. Y la prueba es que hay una densidad muy elevada de infraestructuras, como cortafuegos o fajas auxiliares, que han ayudado a ralentizar y anclar el avance. Además, durante varios días seguidos las condiciones favorables a la propagación no variaron porque se alcanzaron incluso los 40 grados, la humedad estaba al 10 % y no aflojaba el viento.

¿Llegó a estar fuera de capacidad de extinción?

Sí, hubo varios momentos en los que por la velocidad a la que avanzaba y la intensidad de la llama en ese escenario de calor, de viento y de escasa humedad, estuvo fuera de la capacidad de extinción. Y en esas situaciones, además de primar la seguridad de todo el personal, se priorizaron las poblaciones y luego el emblemático entorno del monasterio de San Juan de la Peña.

El consejero de Interior, Roberto Bermúdez de Castro, comentó que el fuego fue tan virulento que llegó a saltar cortafuegos de hasta 300 metros.

Nuestras infraestructuras de prevención están alineadas con los comportamientos que tenemos estudiados sobre cómo puede evolucionar un incendio en esta parte del territorio para que puedan servir de apoyo. Pero cuando un incendio adquiere la magnitud que ha adquirido el de Las Peñas de Riglos, lanza pavesas a muchos metros y eso multiplica la velocidad de avance.