En el estuario del Bouregreg, donde las ciudades de Rabat y Salé se miran cara a cara y ensayan una nueva modernidad, un edificio de 55 plantas es el faro de una ambición urbana, política y estética que busca consolidar la capital marroquí como Ciudad de la Luz. Es la torre Mohamed VI, nuevo símbolo de Marruecos, tanto que ilustra el reverso de los billetes de 200 dírham.

A los pies de este edificio se concentran algunos de los nuevos equipamientos de esta transformación: el Gran Teatro de Rabat de Zaha Hadid; la Marina Bouregreg, con puerto deportivo, restaurantes y paseos, y el tranvía Rabat-Salé, que cose ambas orillas. Pero toda gran operación urbana arrastra también sus preguntas. En este caso, la promesa de modernidad convive con el riesgo de convertirse en un waterfront excluyente, más orientado al prestigio, al turismo y a la inversión que a la mezcla de usos, clases y vida cotidiana que define un barrio vivo.

El lobby de la torre Mohamed VI de Rabat-SaléEl lobby de la torre Mohamed VI de Rabat-SaléSergio Grazia

Es en esa tensión entre escaparate global y arraigo local donde el tercer rascacielos más alto de África no quiere limitarse a exhibir poder vertical, sino, en un gesto poco habitual en la arquitectura corporativa contemporánea, sentirse hecho a mano.

Alberga 7.000 obras y objetos creados por 143 artistas y artesanos llegados de Fez, Meknés, Salé, Marrakech y Rabat

Obra del arquitecto Rafael de la-Hoz, en colaboración con Hakim Benjelloun, que la vistió con una piel altamente tecnológica y paneles solares que cubren toda su cara sur, esta torre afilada como un cohete a punto de despegar ­reúne hotel, residencias, oficinas, un mirador  dedicado a la memoria de las dos ciudades gemelas que se miran desde ambas orillas del río y una de las mayores colecciones privadas de arte contemporáneo del norte de África. El encargo de su promotor, Othman Benjelloun, al interiorista Pierre-Yves Rochon –que firma los hoteles y restaurantes más prestigiosos del mundo– fue que la artesanía tuviera un papel fundamental. El resultado son casi 7.000 obras y objetos creados por 143 artistas y artesanos llegados de Fez, Meknés, Salé, Marrakech y Rabat. En su interior, el nuevo Waldorf Astoria Rabat-Salé, la marca de lujo de Hilton, hereda, junto con las llaves del edificio, la responsabilidad de custodiar ese patrimonio artesanal cada día, en cada habitación.

Gran puerta monumental de bronce reservada para las visitas del rey de MarruecosGran puerta monumental de bronce reservada para las visitas del rey de MarruecosSergio GRAZIA

En el vestíbulo, sobre suelos de mármol trabajados con la técnica zellige se levantan frisos monumentales de yeso tallado que narran la historia de Rabat y Salé con versos de Al Idrisi e Ibn al Khatib. La propia distribución de accesos -una puerta para el hotel, otra para las oficinas, otra para los apartamentos, y una Porte Nord monumental de bronce reservada para el rey- traduce en arquitectura esa voluntad de mestizaje entre lo protocolario, lo doméstico y lo colectivo. El gigantesco bab, es en realidad la última pieza de una tradición antigua, la ferronnerie, martillada y cincelada a mano. “No queríamos hacer un Disneyland”, afirma Pierre-Yves Rochon, anfitrión del recorrido. Es decir, no se trataba de tematizar Marruecos, “uno de los más importantes países del mundo en artesanía. Todavía hoy hay quien hace los mosaicos zellige, quien trabaja el yeso, el estuco, la madera, el bronce”, explica Rochon, a quien le fascina especialmente la herrería cincelada.

Cada una de las cinco ciudades convocadas a este proyecto aporta su propio saber: el zellige refinadísimo de Fez, el tataoui -techos tejidos en caña- propio de los riads de Salé-, el bordado tarz rbati de Rabat, la dinanderie en cobre y latón de Marrakech, la ebanistería de Meknés. El proyecto convierte así el edificio en algo parecido a una antología de oficios marroquíes reunida bajo un mismo techo por primera vez a esta escala.

Arte contemporáneo. Árbol de bronce y latón de Diego BrelièrArte contemporáneo. Árbol de bronce y latón de Diego Brelièrsergio GRAZIA

En los baños, azulejos en tonos marfil, celadón y azul cielo, una paleta contemporánea que no existía en el vocabulario tradicional del oficio, pero que respeta escrupulosamente su lógica geométrica. Cada pieza, cortada individualmente con el menkach, se coloca boca abajo antes de que la composición se invierta y revele su dibujo final. Es un oficio que se piensa en espejo.

En los corredores del spa y en las zonas comunes, los moucharabiehs -celosías de madera torneada que durante siglos regularon la luz y la intimidad en la arquitectura islámica- filtran el sol en fragmentos geométricos. Cada panel exige el torneado individual de cientos de piezas, ensambladas sin cola ni clavos, en una precisión que no perdona el error: si un solo nodo falla, toda la composición pierde su rigidez.

Baño con cerámica ZelligeBaño con cerámica Zelligesergio GRAZIA

En las suites, las alfombras de lana y seda, diseñadas por PYR con patrones que dialogan con la celosía marroquí y la abstracción contemporánea, se anudan a mano en degradados tonales que ningún telar industrial reproduciría igual. El cuero, curtido en las tenerías de Fez con granada, corteza de cedro y mimosa -los mismos métodos que se emplean allí desde la edad media-, tapiza banquetas y cabeceros que los interioristas combinan con estructuras de latón bruñido.

En los suelos de los baños, se recupera el motivo de la mano de fátima, la khamsa, tomado del minarete de la torre Hassan, visible a seis kilómetros. En la galería de arte, la diseñadora Myriam Mourabit firma un gran mural inspirado en el zellige con yeso cincelado y realzado con incrustaciones de oro. “El zellige es una de las pasiones de mi vida, estoy obsesionada con él”, confiesa. A partir de una estrella de diez puntas, su composición narra la historia de la artesanía marroquí ­reuniendo “la herencia árabe y la bereber” en una sola gramática visual.

Susurros déco en el dormitorio, con marquetería y cerámica y alfombras hechas a manoSusurros déco en el dormitorio, con marquetería y cerámica y alfombras hechas a manosergio GRAZIAEl bordado abarca varias tradiciones: el attarz rbati es de seda denso y simétrico, tradicionalmente realizado en azul verdoso y el arabesco son geometrías vegetales que se repiten infinitamenteEl bordado abarca varias tradiciones: el attarz rbati es de seda denso y simétrico, tradicionalmente realizado en azul verdoso y el arabesco son geometrías vegetales que se repiten infinitamenteSergio Grazia

El primer Waldorf Astoria de Marruecos, que ocupa desde la planta 29 hasta la 49, convierte casi 1.400 metros cuadrados de su salón de baile en un escenario de mármol tallado, coronado por un mural de Pierre Bonfils con el que el propio artista explica que buscaba capturar “la memoria del agua” y su dimensión emocional, en referencia directa al río que rodea la torre. “Cuando estás al lado hay una vibración, los colores cambian”, describe sobre el efecto óptico de su obra.

La gastronomía forma parte del relato: Alain Ducasse propone en Aldabaran una cocina mediterránea de raíz francesa, mientras Lahcen Hafid recrea en Brasserie Magnolia la calidez de un riad. A ellos se suma Peacock Alley, reinterpretación del histórico corredor social del Waldorf Astoria de Nueva York. Situado en el piso 30, funciona como gran salón de encuentro y una oferta que va del té de media tarde a los cócteles artesanales y las cenas ligeras Y en la cúspide, el Observatorio, con vistas desde el piso 50 y experiencias de realidad aumentada sobre Rabat y Salé, recuerda que buena parte de la astronomía moderna tiene raíces árabes.

Restaurante Magnolia, con techo de ‘tataoui’ y cerámica ‘zellige’Restaurante Magnolia, con techo de ‘tataoui’ y cerámica ‘zellige’Sergio GraziaPor debajo del hotel, la torre alberga treinta apartamentos privados de distintos tamaños, íntegramente amueblados y diseñados por el estudio de Pierre-Yves RochonPor debajo del hotel, la torre alberga treinta apartamentos privados de distintos tamaños, íntegramente amueblados y diseñados por el estudio de Pierre-Yves RochonSergio Grazia

Por debajo del hotel, la torre alberga treinta apartamentos privados también amueblados y diseñados por el estudio de Rochon; sofás, mesas y alfombras responden a la misma identidad contemporánea que fusiona art déco y la herencia bereber, árabe, andalusí y africana de Marruecos.

Pierre-Yves RochonPierre-Yves RochonSergio GraziaPierre-Yves RochonInteriorista de la Torre Mohammed VI

Originario de Bretaña, Pierre-Yves Rochon (1946) fundó su estudio en 1979 y desde entonces ha firmado el interiorismo de algunos de los hoteles de lujo más emblemáticos del mundo: el Four Seasons George V y el Shangri-La de París, el Savoy y el Four Seasons Park Lane de Londres, el Amstel de Ámsterdam, el Disneyland Hotel de Marne-la-Vallée y el Waldorf Astoria Beverly Hills, entre otros. Ahora su sello ha llegado al Waldorf Astoria Rabat-Salé.
¿Qué recuerdo tiene de su infancia en Rabat?
Viví allí hacia 1952, con seis o siete años. Guardo el recuerdo de la Kasbah de los Oudayas, donde se tomaba té, café y cuernos de gacela. Ya entonces era una ciudad apacible, tranquila y elegante. Es lo mismo que encuentro hoy.
¿Cómo ve Marruecos hoy?
 Me fascina su arquitectura. Creo que es el país con más arquitectura islámica de calidad del mundo, junto con España, heredero de los siglos de Al Ándalus. Y es uno de los primeros países en artesanía: todavía hoy hay quien trabaja el zellige, el yeso, la madera, el bronce.
¿Su oficio favorito?
Dudo entre el zellige y el bronce, pero es el bronce lo que más me fascina. Es un trabajo de la mano fascinante.
¿Cómo armonizó su visión con la de Rafael de La-Hoz?
Fue una cuestión de respeto: la torre era su obra, no la nuestra. Mi misión era distinta, hacerla vivir, convertirla en hotel, oficinas, apartamento. Entendimos que había que vestirlo sin dañar su arquitectura: por eso inventamos estores eléctricos y visillos en lugar de cortinas convencionales.
¿Cómo decidieron qué era el lujo para este hotel?
No teníamos todavía la marca Waldorf Astoria como referencia, así que lo definimos nosotros mismos a partir del espacio, la luz y la circulación.
¿Dónde encuentra su inspiración?
En el día a día, en la ópera, en la puesta en escena y la luz. Mi verdadera pasión es mi familia; cuando puedo, pinto un poco. La música también es esencial para mí.
¿Este proyecto cambia el futuro de la ciudad?
Eso espero. No es la locura de un hombre, es casi un acto político. Debería convertirse en patrimonio histórico. Hace ocho años aquí no había nada; hoy hay un teatro, una academia, un nuevo aeropuerto en construcción. Dentro de diez años no reconoceremos Rabat.
¿Dónde encuentra su inspiración fuera del diseño?
En la vida diaria: hay que ser curioso y mirar todo lo posible, los libros, las revistas, las experiencias. Me gusta mucho la ópera, su puesta en escena y su luz también las trasladamos a la manera de concebir un proyecto.
¿Tiene un lema de vida?
“Concrete to the flowers” -desde el hormigón de un proyecto hasta la más pequeña flor-. O, si no: cuando se quiere, se puede. Controlar cada detalle de un proyecto es, para mí, esencial: por eso hoy existen los interioristas, porque los arquitectos, con tanta tecnología a su cargo, perdieron ese control total que antes tenían.

Begoña Corzo Suarez