Una explosión de luz sobre Altea. Hay fotografías que simplemente retratan un espectáculo y otras que consiguen convertirlo en una imagen para el recuerdo. La fotografía de Gerardo Villagrá Espinar, ganadora del Concurso de Fotografía del Castell de l’Olla 2026, pertenece a esta segunda categoría.

Tomada desde unos cinco kilómetros de distancia, la imagen concentra en un solo encuadre la espectacularidad de los fuegos artificiales y el paisaje nocturno de Altea. Una enorme bóveda de luz, con ráfagas doradas, azules, rojas y verdes, ocupa buena parte del cielo mientras, en la parte inferior, el perfil iluminado de la localidad y la silueta inconfundible de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo sitúan el espectáculo en su escenario natural.

La concejala de Cultura, entre el presidente de la Cofradia del Castell de l’Olla (a su izquierda) y el coordinador del concurso fotográfico (a la derecha), con la exposición de fotos al fondo.

La concejala de Cultura, entre el presidente de la Cofradia del Castell de l’Olla (a su izquierda) y el coordinador del concurso fotográfico (a la derecha), con la exposición de fotos al fondo. / INFORMACIÓN

El resultado es una fotografía de gran impacto visual, en la que los fuegos parecen envolver literalmente el municipio. La imagen juega además con el contraste entre la oscuridad del cielo y la explosión de luz de la pirotecnia, mientras las urbanizaciones de la Sierra de Altea aparecen en segundo plano como testigos del espectáculo.

Para conseguirla, Villagrá utilizó una focal de 400 milímetros de un objetivo zoom 200-600 mm, una elección que permitió comprimir la distancia y llenar el encuadre con los fuegos sin perder la referencia del paisaje alteano. Una combinación de distancia, focal y precisión en el momento del disparo que explica buena parte de la espectacularidad de la fotografía.

500 euros para la imagen mejor valorada

La fotografía de Villagrá Espinar obtuvo ayer, viernes, el primer premio del certamen, dotado con 500 euros, en un acto celebrado por la tarde-noche en la Casa de Cultura de Altea. El fotógrafo, natural de Almería y residente en Alicante, se impuso en un concurso que este año ha reunido 63 participantes y 122 fotografías admitidas. Villagrá no pudo asistir al acto

El segundo premio, dotado con 300 euros, correspondió al alteano Roberto Riera Roselló, mientras que el tercer galardón, de 200 euros, fue para Juan Antonio Calderón Viudes, de Santa Pola. En total, el concurso ha repartido 1.000 euros entre las tres imágenes mejor puntuadas. El jurado estuvo integrado por Antonio Berenguer, Pepa Navarro y José Vicente Llopis, miembros de la Cofradía del Castell de l’Olla; Ignacio Beltrán, coordinador del Área de Cultura; Vicent Llorens, fotógrafo, y la concejala de Cultura, Pepa Victoria Pérez.

122 miradas sobre el 40 aniversario

La elevada participación ha permitido reunir 122 formas diferentes de contemplar la edición de 2026 del Castell de l’Olla, una edición especialmente significativa al coincidir con el 40.º aniversario del espectáculo pirotécnico.

Durante el acto de entrega de los premios, en donde estuvieron el alcalde Diego Zaragozí y el presidente de la Cofradía del Castell de l’Olla, José Pérez Gorgoll, entre otros concejales, miembros de la Cofradia y concursantes, se proyectó un vídeo con las fotografías presentadas, recuperando algunos de los momentos más destacados de la noche del Castell. Además, la Casa de Cultura acoge una exposición con las imágenes mejor puntuadas del concurso, que podrá visitarse hasta el próximo 25 de septiembre.

La concejala de Cultura, Pepa Victoria Pérez, destacó el valor del certamen como una manera de “mantener viva la memoria del Castell de l’Olla y acercar esta celebración a través de la mirada de los fotógrafos y fotógrafas participantes”.

La fotografía como memoria del Castell

El concurso alcanza así uno de sus objetivos fundamentales: convertir unos segundos de exposición de fuegos artificiales en una imagen capaz de permanecer en el tiempo.

En el caso de la fotografía ganadora, la potencia de la pirotecnia se funde con la silueta de Altea y su iglesia, creando una composición en la que el espectáculo y el paisaje forman una única escena. Una mirada captada desde la distancia, con un 400 mm, que consigue acercar hasta el espectador la inmensa dimensión de unos fuegos que, cuatro décadas después de su primera edición, continúan siendo una de las imágenes más reconocibles del verano alteano.

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