Aste Nagusia trae bailes, noches interminables de fiesta, desinhibición y muchas ganas de pasarlo bien. Pero también atrae a los amigos de lo ajeno, esos … que actúan al despiste, amparados por la multitud y que pueden amargar la fiesta a cualquiera. Por desgracia su presencia es tan inherente a Aste Nagusia como la de Marijaia y es tan sabida que las autoridades refuerzan no solo la vigilancia, sino los puntos de atención en los que denunciar. Un año más, la Policía Municipal de Bilbao ha vuelto a ubicar en los bajos del Ayuntamiento, cerca de las txosnas, una comisaría al alcance de cualquiera que necesite denunciar cualquier incidente.
«Es la primera vez que vengo a estas fiestas y me roban. Había gastado todos mis ahorros en comprarme un móvil nuevo. Lo peor es que ni siquiera iba borracha», contaba Izaro Presa. Con los ojos anegados por las lágrimas esta joven esperaba su turno en la oficina policial sobre las tres de la madrugada. Estaba disfrutando de las primera horas de fiesta cuando se dio cuenta de que su bolso estaba abierto. El disgusto era evidente por la pérdida material pero también por qué le iban a decir sus padres. El primer balance municipal arroja un total de cinco detenidos por hurtos o robos, cuatro de ellos fuera del recinto festivo y otro dentro, donde se consiguió recuperar el movil que había sido usurpado.
Es una escena habitual para los agentes que se ocupan de atender a las víctimas. «Es lo de todos los años. Van a por móviles nuevos, los demás acaban en la basura», explican. Anoche actuaron con afán en el entorno de las txosnas Pinpilinpauxa y Trikimailu. Y lo hicieron de forma de lo más organizada. «No hay un solo ladrón. Hay varios en el mismo lugar. Se dividen y se van pasando los objetos robados para que no se pueda saber quién ha sido», relataban los uniformados.
Muchas sospechas pero pocos resultados
En la hilera de personas que esperaban para poner una denuncia las historias se repetían. Había incluso tiempo para hacer hipótesis sobre los posibles culpables. «Hay gente diciendo que ha visto a alguien de pelo largo que puede ser sospechoso, pero nadie sabe seguro», relataba uno de los amigos de Itziar, a la que también le habían robado el teléfono. «Me he dado cuenta al ver que el bolso me pesaba poco», admitía ella.
Con la desgracia en común, se sucedían los consejos. «Nos han dicho que digamos que ha sido con violencia para que nos hagan más caso», desvelaba Bárbara, otra víctima que junto al móvil se había quedado sin el DNI, guardado en la carcasa del dispositivo.
Otra cosa en común entre los que hacían cola ante la comisaría era la impaciecia. Algunos lamentaban llevar demasiado a la cola. «Es increíble. Llevamos casi dos horas esperando y todavía no hemos podido poner la denuncia», criticaban. Aún quedaban muchas horas hasta que Bilbao amaneciese. «Lo peor empieza a partir de ahora, cuando la gente ya ha bebido más», contaron fuentes policiales.
Efectivamente la noche solo había empezado. Con el amanecer llegaba también el primer avance de actuaciones policiales. En total, la Policía Municipal ha detenido a nueve personas, tres de ellas por agresiones machistas. Cuatro de los arrestos se han producido dentro del recinto festivo -por delitos sexuales, de lesiones o hurtos- y cinco fuera del mismo.
En el apartado de robos, los agentes han apresado a cinco personas y han conseguido recuperar un terminal móvil. Durante la pasada edición de Aste Nagusia, la guardia urbana registró 617 denuncias, de las cuales el 73,1% fueron por hurtos de teléfonos y carteras.
