La sustitución del filtro de partículas de un vehículo no consiste únicamente en cambiar la pieza averiada. Un mecánico, Mateo, ha advertido a través de un vídeo en TikTok de la importancia de instalar correctamente el sensor asociado al sistema y de realizar posteriormente una actualización electrónica para que el coche reconozca el nuevo componente.
En concreto, el experto señala que utilizar un sensor que no sea original puede provocar que el sistema no funcione correctamente. «Si no son originales, no funcionan bien», asegura. Según explica, aunque el sensor sustituido pueda estar prácticamente nuevo, si no corresponde con el componente adecuado puede impedir el correcto funcionamiento del filtro.
El sensor envía información a la unidad de control del motor (ECU), que utiliza esos datos para gestionar la regeneración del filtro de partículas. Durante este proceso, el sistema eleva la temperatura hasta unos 800 grados para quemar y eliminar el hollín acumulado.
Si el sensor no funciona correctamente o la centralita no reconoce la nueva pieza, el hollín puede acumularse y provocar una pérdida de rendimiento del motor, un aumento de las emisiones contaminantes e incluso problemas para superar la Inspección Técnica de Vehículos (ITV).
Entre los síntomas que pueden alertar al conductor figuran la dificultad del motor para alcanzar determinadas revoluciones, la aparición de humo negro al acelerar o incluso olor a combustible en el habitáculo.
El coste de la reparación tampoco es menor. Según el mecánico, el cambio del sensor puede rondar los 200 euros, mientras que sustituir por completo un filtro de partículas en un vehículo diésel puede costar entre 500 y 600 euros en los casos más favorables. Cuando la avería reviste mayor gravedad, la factura puede superar los 2.000 euros, dependiendo del modelo y de los materiales empleados.