Lucía Merchán

23/08/2026 a las 18:28h.

Almudena Cid ha vuelto a sus raíces extremeñas para compartir una historia que todavía hoy le sirve como aprendizaje. La exgimnasta ha recordado a su abuelo materno, el artista y escultor alcantarino Fernando Tostado, y la particular metáfora del ave fénix que acompañó el último ejercicio de su carrera deportiva.

La exdeportista ha compartido en sus redes sociales un vídeo en el que recupera parte de su historia familiar y habla de Alcántara, de las esculturas que creó su abuelo y de todo lo que ha ocurrido con ellas con el paso de los años. Un relato que termina convirtiéndose también en una reflexión sobre la capacidad de reconstruirse cuando las cosas no salen como uno esperaba.

El ave fénix que acompañó a Almudena Cid en su último ejercicio

Quienes siguieron la carrera deportiva de Almudena Cid probablemente recuerden uno de sus gestos más reconocibles: el beso al tapiz después de su último ejercicio. Una tradición que la propia gimnasta inició y que, con el tiempo, han incorporado otras deportistas como forma de despedirse de la competición. Pero aquel momento tenía otro símbolo detrás.

Durante su infancia, Cid pasó parte de sus veranos en Extremadura, de donde proceden sus padres: su madre era natural de Alcántara y su padre, de Brozas. En el municipio cacereño mantuvo además un vínculo especialmente estrecho con su abuelo Fernando Tostado, que se dedicaba al arte y a la escultura.

La exgimnasta recuerda cómo, durante uno de sus paseos por el conocido como Rincón de los Engendros, su abuelo le habló de un ave fénix. El espacio se encontraba después del puente romano de Alcántara y era el lugar donde Tostado había ido creando sus particulares esculturas a partir de objetos que encontraba y reciclaba.

«Cuando todo el mundo creía que iba a desaparecer, que me iba a retirar, volvía a aparecer», recuerda la exgimnasta que le decía su abuelo. Para él, ella era como un ave fénix, capaz de resurgir una y otra vez.

La imagen terminó formando parte de su propia historia deportiva. En el último ejercicio de su carrera, Almudena Cid llevó precisamente un ave fénix dibujado en el maillot, con un ala que la envolvía como símbolo de protección.

Las esculturas de su abuelo vuelven a casa

La historia familiar ha vuelto ahora a cobrar protagonismo después de que las esculturas de Fernando Tostado hayan regresado al lugar donde fueron creadas, junto a la pequeña casa en la que vivía el artista.

Según explica Cid, las obras fueron retiradas de este espacio y, posteriormente, la familia recibió la propuesta de volver a colocarlas en su ubicación original. El regreso, sin embargo, ha dejado también al descubierto el paso del tiempo. Algunas de las esculturas han sufrido el desgaste provocado por permanecer a la intemperie, expuestas a la lluvia, el frío y el sol, y necesitan ser restauradas.

Es precisamente ahí donde Almudena Cid encuentra el paralelismo con su propia vida. «A veces las cosas no ocurren como uno quiere o como a uno le gustaría», explica en el vídeo. Pero también recuerda que hay una parte que sí depende de cada persona: recoger los trozos que quedan y tratar de reconstruirlos.

Una reflexión que conecta de nuevo con aquella imagen que su abuelo le transmitió durante su infancia y que terminó acompañándola hasta el final de su carrera: la del ave fénix que desaparece para volver a resurgir.