La cara más amarga de la primera noche de la Aste Nagusia se dejó sentir de madrugada en El Arenal. La emblemática txosna de Pinpilinpauxa, que este año destaca por su espectacular ambientación de discoteca ochentera con las figuras de ‘Pimpi People’, sufrió diversos actos de vandalismo de baja intensidad y pequeños robos que dañaron algunas de las estructuras artesanales de su fachada.

La decoración de las txosnas no es un elemento inerte o de mero adorno; es un organismo vivo que evoluciona y muta a lo largo de los nueve días de fiesta. En el lateral de Pinpilinpauxa, por ejemplo, los paneles se actualizan diariamente para anunciar las actuaciones musicales de la noche y junto a estos carteles está dibujada una la cola de acceso a la discoteca, donde sus personajes contaban con elementos de adorno muy llamativos de bola de discoteca o ropa decorada con pequeños espejos. Y es contaban y no cuentan, porque desde anoche ya no los tienen.

Julia Toja, veterana colaboradora de la comparsa que ha dedicado incontables tardes desde principios del mes de julio a confeccionar, pintar y ensamblar a mano los personajes, ponía voz al sentir del colectivo tras encontrarse con los destrozos a primera hora de la mañana. «Da rabia porque da mucho trabajo y ya la primera noche se lo llevan«, explicaba a este periódico. Los autores del hurto centraron sus esfuerzos en llevarse los detalles más vistosos y accesibles de las figuras tridimensionales: en concreto, robaron los pendientes de las figuras que simulaban llamativas bolas de discoteca, así como los pequeños cristales brillantes que decoraban primorosamente la vestimenta de otro de los personajes dibujados en los paneles de la entrada.

La mariposa se salva gracias a la previsión

Afortunadamente, no todo el decorado corrió la misma suerte. El gran símbolo de la comparsa, su mítica mariposa, logró salvarse gracias a una brillante muestra de anticipación por parte de los propios comparseros. Temiendo precisamente que ocurriera un percance de estas características durante las aglomeraciones nocturnas, decidieron curarse en salud durante la semana de montaje y colocar las atractivas bolas de las antenas en el punto más alto posible de la estructura.

La propia Julia Toja recordaba, con su característico humor, la frase que pronunciaron antes del chupinazo al elevar el adorno: «Para robarlas necesitarán escalera, eso ya sería muy descarado». El tiempo y el incivismo de la primera noche les han acabado dando la razón de forma casi profética.

A pesar del mal trago de ver dañado el minucioso trabajo de meses, se proponen ahora reparar los desperfectos de inmediato y continuar con las celebraciones con la mejor de las sonrisas. «Ahora lo arreglaremos y a seguir la fiesta», zanjaba con determinación y optimismo la comparsera.