Colonia francesa, mitad del siglo XX. Una cámara, un estudio y un país por recuperar. Tantos sueños como personas. En este fotograma en blanco y … negro nació y creció Ibrahim Sanlé Sory, en Nianiagara, Alto Volta, hoy Burkina Faso. Ahora tiene 83 años, y reside en Bobo-Dioulasso, donde lo conocen como ‘el hombre con la cámara’. Pero allá por 1960, año en que el territorio alcanzó la independencia, los que pasaron por su estudio ‘Volta Photo’ lo veían como algo más. Él retrataba los sueños, las ilusiones, todo lo que podía prometer el futuro y todo lo que la fantasía se atrevía a manifestar, inmortalizado bellamente por la mirada alentadora del hombre con la cámara. Una Rolleiflex, para ser precisos. Durante el día, la tenía en el estudio; de noche, en las pistas de baile. Algunas de las imágenes de esa época, recopiladas por el comisario, escritor y productor Florent Mazzoleni para la muestra ‘Generation Volta’, están expuestas por primera vez en San Sebastián hasta el 1 de octubre de manera gratuita en Sakana Gallery (Alkolea 1, Egia), en horario de jueves a sábado de 14.00 a 19.00.
Las imágenes retratan la generación joven de Alto Volta, que en un contexto colonial intentaba hacerse hueco en una sociedad transeúnte, aunque aquello no les impedía soñar. En aquella época, el gobierno colonial exigía fotografías de identificación, por lo que habían surgido algunos estudios para satisfacer esa demanda. Eran imágenes sencillas, en blanco y negro, de frente y de tamaño bastante reducido. Ahí nació, tras una época como aprendiz, el estudio de Sanlé Sory en Bobo-Dioulasso. Cómo evolucionaron las fotos de calcomanías serias, oficiales, encorsetadamente burocráticas a retratos psicológicos de las ilusiones más hermosas de cada joven es un hecho que no se explica con palabras. Con imágenes, en cambio, sí.
Pero hace falta fijarse en los detalles. Sory tenía en su estudio telones y fondos –pintados por artistas ghaneses y costamarfileños–, accesorios, prendas de ropa y todo tipo de artículos que recopilaba para hacer que aquellos que se detuvieran ante su lente se engrandecieran con el ropaje de la fantasía. La fotografía ‘Fan de Jimi Hendrix’ es un ejemplo. Inspirado por los ídolos del momento, como Jimi Hendrix (que nunca pisó tierras africanas), Los Beatles, B. B. King y Elvis Presley, la generación Volta emulaba a las estrellas con lo que tenían a mano: pelucas, chaquetas pintadas, pantalones prestados y fondos que, durante unos instantes, conseguían convertirles en las personalidades que tanto admiraban. Sin embargo, ‘Elvis’ cuenta una historia distinta: su modelo es Elvis ‘Siaka’ Ouattara, integrante de la banda Echo Del Africa, una de las principales de Bobo durante esa época. No era fanático del rey del rock, pero le encantaba su pompadour y su estilo excéntrico.
Al son de la noche
La juventud de Alto Volta tampoco se desentendía de la nocturnidad, del baile y de las tendencias de sus tiempos. Los retratos de Sory no se entienden sin la cultura circundante: blues, jazz y soul inundaban las noches, pero no de cualquier manera. Florent Mazzoleni, comisario de la exposición, se topó con los retratos de Sory investigando para su libro ‘Burkina Faso: Musiques modernes voltaïques’. Sory solía pasarse por Volta Jazz, uno de los locales más concurridos por la juventud burkinesa, y capturaba a los jóvenes bailando Bobo Yé-Yé, una mezcla de funk, soul, R&B, música latina y ritmos tradicionales africanos propios de esa época poscolonial.
Ahora mismo, la ciudad cuenta con amplias avenidas donde la gente se resguarda del calor bajo las extensas ramas de gigantescos árboles de karité, y muchos de sus habitantes pasan las largas noches tropicales en sus bares y cafeterías. Antes era igual. Sory solía llevarse sus telones y luces a las fincas y montaba fiestas para los pueblos, calculándolas según la cosecha para que las personas pudieran contar con dinero suficiente para gastar. Allí bailaban, sudaban, disfrutaban y vibraban con la escena cultural burkinesa mientras Sory capturaba toda aquella vitalidad. En blanco y negro.
Ahora, según Mazzoleni, el burkinés lamenta que la gente solo desee hacerse fotografías en color. Aunque eso no ha impedido que su obra pasara por Génova, Londres, París, Ámsterdam y Nueva York. Tampoco que haya formado parte de la colección privada de figuras como Alicia Keys y su esposo Kasseem Dean, que quisieron exponer alguna imagen de Sory en el Brooklyn Museum. Ni que haya llegado a la capital guipuzcoana por primera vez.