El otro día, una vecina se puso a cascar en la cola del supermercado. Hablaba tan fuerte que era imposible ignorarla. La mujer, pongamos que … se llama Carolina, le contaba al cajero que acababa de terminar de ver una serie en Netflix de la que no recordaba el nombre, pero que no estaba mal. «Si le ha gustado, ¿cómo no recuerda el título?», le preguntó el cajero. «Ay, no sé, es que soy una seriéfila, estoy todo el día viendo series, no me puedo acordar de todas», respondió Carolina mientras colocaba embutidos, pan y yogures en la pista de salida. «Es que no me pierdo ninguna», añadió la mujer, ya con la tarjeta de crédito en la mano. El cajero, yo diría que por hacerse el simpático, le pidió que le recomendara alguna serie. «No sabría decirte, ¡hay tantas!», exclamó teatralmente Carolina. «Lo que yo hago es dejarme llevar por la aplicación. Como sabe lo que me gusta, cuando termina una serie me propone otra para seguir. ¡Y siempre acierta!».

Creo que como seres humanos estamos obligados a cuestionar e, incluso, contradecir a los algoritmos. Aunque eso suponga llevarnos al error. No, mejor dicho, precisamente por eso: por el error. Por ir al error. Por atesorar el error. Por equivocarnos como siempre nos hemos equivocado, que es lo que nos hace maravillosamente humanos y emocionales. Sin espacio para el error, todo son unos y ceros. Los unos y los ceros no entienden de colores, olores, sabores, recuerdos, sueños, vocaciones, poesía… Los unos y los ceros son matemáticamente aburridos.

Si el cajero me hubiera preguntado a mí, le habría dicho que viera ‘Pluribus’, en Apple TV. La serie, una maravilla de Vince Gilligan, el creador de ‘Breaking Bad’, nos pone en la piel de Carol, una escritora que, por lo que sea, es inmune a un virus universal que expande, ni más ni menos, que una felicidad matemática. La gente pasa a compartir una única conciencia, todos son iguales y se guían por un mismo patrón. Una historia sobre la epidemia más evidente y asfixiante de nuestra sociedad: la tecnología, la colectividad, la masa, lo viral, los algoritmos… la inteligencia artificial. La forma es el mensaje.

Gilligan, en una entrevista, decía algo así: «Si tu reflexión es que la inteligencia artificial es genial porque escribe los trabajos del instituto por ti y crea arte sin necesidad de aprender a dibujar o a pintar de verdad… Tampoco necesitarás aprender a leer un mapa o usar un compás. La IA terminará limpiándote el culo. La creatividad es la chispa de los seres humanos. Es una de las cosas más preciosas y maravillosas que tenemos. ¿Qué hay más importante que ser creativo?».

‘Pluribus’ es esa serie que hay que ver. Aunque no te guste, aunque te parezca demasiado silenciosa, aunque exija más que esas otras series que la plataforma te elige y que encajan a la perfección con tus gustos. Porque, creo, hemos entrado en una espiral imparable. Usamos la IA para casi cualquier cosa, nos guiamos por sus consejos y hasta dejamos que haga nuestro trabajo. Y el tiempo que ganamos por usar la IA lo usamos para lo que la IA nos proponga. Hay que aspirar al error.