La mayoría de equipos de la Liga Endesa van a arrancar la temporada con plantillas de más doce jugadores, convertidas en una mezcla de nacionalidades, en una ensalada de perfiles y procedencias en la que cada vez tiene menos peso el jugador seleccionable por España. Las direcciones deportivas han tenido que bucear en sus archivos, incluso una década atrás, para encontrar jugadores con la etiqueta de cupo de formación, aunque no puedan jugar con España. Los cuatro cupos del Baskonia encajan en ese perfil, lo mismo que cuatro de los cinco del UCAM Murcia o tres de los cinco del Surne Bilbao. Con el éxodo masivo de jugadores hacia la NCAA, que este verano se ha llevado a otra veintena de chicos formados en las canteras de la ACB, no resulta fácil mantener el nivel de la competición doméstica considerada como la más potente de Europa.
El marco de contratación marca la obligatoriedad de contar con cuatro cupos de formación, que son cinco para los conjuntos que disputan torneos FIBA, y un máximo de dos jugadores extracomunitarios, lo que abre la puerta a situaciones que oscilan entre lo legal y lo éticamente discutible. La respuesta a este marco que no comparten otras ligas europeas y que merecería una revisión ha llegado de la mano de las nacionalizaciones, de la concesión, cuando no compra por parte de los jugadores y sus agentes, de pasaportes que permitan contar con la consideración de jugadores comunitarios o cotonús y tener más oportunidades de conseguir trabajo en la Liga Endesa. No es algo nuevo, pero desde la implantación de las ventanas FIBA este fenómeno se ha multiplicado y descontrolado mientras las federaciones se benefician de ello, o eso pretenden. Sin ir más lejos, la propia Federación Española ha seguido ese camino con Lorenzo Brown y Megan Gustafson.
Más de 40 jugadores extracomunitarios por nacimiento
Esta próxima temporada militarán en la Liga Endesa más de cuarenta jugadores que deberían ser extracomunitarios por nacimiento, pero actuarán con pasaportes de países comunitarios o del área del Acuerdo Cotonú, ahora de Samoa, que incluyen África, el Caribe y el Pacífico. La única condición es debutar con la selección absoluta de turno. En un verano, puede cambiar el estatus de un jugador para su beneficio económico y para que su club cuente con un mayor margen de maniobra. El caso más llamativo es el del Baskonia. Kobi Simmons, renovado, y Damion Baugh, fichado este verano, no serán extracomunitarios ya que se estrenarán esta semana con Costa de Marfil y el Congo, respectivamente. Además, AJ Lawson cuenta con pasaporte de Jamaica y DJ Stewart, de Macedonia del Norte, que es, precisamente, el país más generoso para conceder pasaportes sin que ello haya supuesto un claro progreso de su baloncesto.
El Valencia Basket cuenta con TJ Shorts y Omari Moore como normacedonios, igual que el Tenerife con Ethan Happ. Pero ninguno de ellos ha sido convocado por su selección para estas ventanas. Lo ha sido Moses Wright, pívot que quiso fichar el Barça, pero acabó en el Milán. El último campeón de Liga es otro ejemplo de este batiburrillo de pasaportes con, además, Nate Reuvers, húngaro; Gonzalo Corbalán, italiano; o Dylan Osetkowski, alemán. El UCAM Murcia también disfruta del eslovaco David DeJulius, el montenegrino Jonah Radebaugh, el guineano Souleuy Boum y el jamaicano Michael Forrest. La isla del Caribe también está muy bien representada en la ACB, pese a que nunca haya estado presente en las más importantes citas internacionales.
Pasaportes africanos
Abundan los jugadores que presentan pasaportes africanos gracias a sus antepasados, otros que se benefician de matrimonios con ciudadanas europeas, algo que tampoco es nuevo. Pero hay otros casos curiosos como el de Umoja Ginson, que hace dos cursos se midió al Surne Bilbao con el Gottingen con licencia de extracomunitario, pero en su llegada al Barça presenta un pasaporte de Bulgaria.
El éxodo de jugadores hacia la NCAA obliga a las direcciones deportivas a exprimir el mercado para armar plantillas competitivas
Llamativo fue que en un encuentro de la pasada temporada coincidieran en cancha tres bases estadounidenses con pasaporte de Montenegro o que Wesley Van Beck vaya a cambiar su condición en el Tenerife tras haber debutado con Azerbaiyán. Incluso Kameron Taylor espera que se confirme su nacionalización con Benin para dejar de ocupar plaza de extracomunitario en el Valencia. Solo tiene que debutar con una selección que compite muy poco en un país no tiene el baloncesto entre sus prioridades.