Investigadores de la Universidad de Virginia (Estados Unidos) han dado un paso crucial para entender por qué algunos pacientes mayores desarrollan problemas cognitivos graves tras someterse a una intervención médica. El equipo científico ha descubierto cómo una forma de delirio que suele aparecer después de pasar por el quirófano puede predisponer a sufrir afecciones más graves a largo plazo. Además, han identificado que un tratamiento ya existente podría revertir los cambios cerebrales subyacentes.

Los doctores Nadia Lunardi y Hari Prasad Osuru comprobaron en sus ensayos que la anestesia, el estrés propio de las unidades de cuidados intensivos y la propia intervención alteran la actividad genética en el cerebro de modelos animales de edad avanzada. Estas modificaciones interrumpen procesos vitales como la formación de la memoria y la regulación del reloj biológico interno. Todo ello desemboca en un cuadro de pérdida de capacidades y trastornos del sueño que resultan muy similares a los observados en el delirio posoperatorio humano.

Frente a este panorama, los investigadores probaron el vorinostat, un medicamento utilizado habitualmente para tratar ciertos tipos de linfoma de células T. Los resultados mostraron que el uso preventivo de este tratamiento revirtió gran parte de estos efectos perjudiciales. Los sujetos que recibieron la medicación antes de exponerse al estrés hospitalario evidenciaron una notable mejoría tanto en su estructura neuronal como en su rendimiento global.

El delirio posoperatorio es una complicación frecuente que afecta a millones de adultos mayores en todo el mundo. Su aparición está estrechamente asociada con estancias hospitalarias mucho más prolongadas y un riesgo disparado de sufrir deterioro cognitivo posteriormente. Según datos de la Sociedad Americana del Delirio, solo en Estados Unidos esta afección golpea a siete millones de ingresados cada año, lo que genera un impacto económico gigantesco en el sistema sanitario.

El origen del problema

«A pesar de ello, los mecanismos biológicos que originan esta afección y que vinculan un episodio agudo de delirio con el deterioro cognitivo a largo plazo siguen sin comprenderse del todo», ha explicado Lunardi, jefa de la división de neuroanestesia de UVA Health. La experta confía en que identificar estos cambios moleculares reversibles abra el camino a nuevas estrategias clínicas para proteger a los pacientes mayores vulnerables.


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El origen del problema radica en que el paso por un hospital en condiciones de gravedad deja una huella molecular en el cerebro. Los científicos han observado que se producen alteraciones epigenéticas, es decir, modificaciones que controlan qué genes se activan o desactivan en un momento dado, mermando la capacidad de asimilar nueva información o mantener un patrón de sueño saludable.

«Estos hallazgos proporcionan un sustrato biológico importante sobre cómo se desarrolla la vulnerabilidad cognitiva asociada al delirio e identifican vías epigenéticas como objetivos preventivos y terapéuticos prometedores», ha apuntado por su parte el doctor Osuru.