El Hospital Donostia afrontará a partir del próximo mes de septiembre una transformación integral de su servicio de Urgencias. Se trata de una reforma de … gran envergadura que renovará por completo unas instalaciones que, tras dos décadas de intenso uso y un incremento constante de la demanda asistencial, habían quedado obsoletas tanto desde el punto de vista funcional como de la atención al paciente.

Las obras, que se desarrollarán en cuatro fases y se prolongarán aproximadamente durante tres años, permitirán modernizar completamente el área sin interrumpir en ningún momento la actividad asistencial. El reto consiste en ejecutar una remodelación total mientras el servicio continúa atendiendo a miles de pacientes cada año. Aunque la ampliación física será limitada, el principal objetivo es reorganizar y optimizar el espacio disponible para hacerlo más eficiente, mejorar los circuitos asistenciales y ofrecer una atención más cómoda, segura y humanizada.

La dirección del servicio reconoce que las actuales Urgencias hace tiempo que dejaron de responder a las necesidades actuales. El crecimiento de la demanda y la evolución de la asistencia sanitaria han convertido un espacio diseñado hace años en un área insuficiente. «Tenemos unas Urgencias que se nos han quedado pequeñas desde hace mucho», reconoce Arantza Aguillo, jefa de servicio.

Además de las limitaciones de espacio, uno de los principales problemas es la configuración del área. En la actualidad, las Urgencias funcionan prácticamente como una zona de paso dentro del hospital. Por ellas transitan diariamente trabajadores que se dirigen a los vestuarios, visitantes que acceden a las plantas de hospitalización o personas que se encaminan hacia las consultas externas. «Es una zona un poco pasillo, muy abierta, que la gente lo utiliza para entrar al vestuario, a trabajar, a visitar a alguien o para ir a alguna consulta. Es un lugar que habitualmente se utiliza como sitio de paso y eso es un horror», explica la facultativa. Esta circulación constante genera una importante falta de privacidad y dificulta el trabajo de los profesionales sanitarios, que desarrollan su actividad en un entorno excesivamente transitado. «Hay que hacer un espacio cerrado y para eso hay que agruparlo todo un poco más», agrega.

«La zona ahora es un poco pasillo. Es un lugar que habitualmente se usa como zona de paso y es un horror»

Arantza Aguillo

Jefa de Urgencias

La reforma pretende precisamente corregir esta situación mediante un diseño más compacto que permita separar claramente la actividad asistencial del tránsito interno del hospital. El proyecto ha sido diseñado conjuntamente con la subdirección de Infraestructuras Sanitarias de Osakidetza con el objetivo de reorganizar completamente los circuitos de pacientes y profesionales.

La actuación supondrá prácticamente empezar de cero. La mayor parte de las instalaciones actuales serán demolidas y reconstruidas, incorporando además las áreas que se habilitaron durante la pandemia de Covid-19 y que hasta ahora permanecían integradas solo de forma parcial. La intención es conseguir una urgencia más funcional, con recorridos más cortos, una mejor distribución de los puestos de trabajo y una utilización mucho más eficiente de cada metro cuadrado.

Intimidad y humanización

Uno de los aspectos prioritarios del proyecto será mejorar las condiciones de espera de los pacientes. Especial atención recibirá el denominado área de resultados, el espacio donde permanecen las personas que ya han sido valoradas por un médico y aguardan durante varias horas la realización o el resultado de pruebas diagnósticas.

Actualmente se trata de una sala amplia con supervisión permanente de enfermería, donde se administran tratamientos y se controla la evolución clínica de los pacientes, pero que presenta importantes carencias desde el punto de vista de la privacidad y el confort. «La percepción del paciente muchas veces es de que no hace nada ahí. Hay cero intimidad porque no tenemos mamparas para separar, hay incomodidad para el acompañante. Es una sala que necesita mucha humanización», sostiene la jefa de Urgencias.

La futura reforma incorporará elementos de separación, una mejor organización del espacio y una distribución pensada para ofrecer una atención más humanizada, uno de los conceptos que guía todo el proyecto. El objetivo es que tanto los pacientes como sus acompañantes dispongan de un entorno más confortable durante las horas que permanecen en Urgencias. Según los datos que ofrece la propia Aguillo, la estancia media en el servicio, desde que una persona entra por la puerta hasta que se marcha a su domicilio, oscila entre las 4 y 6 horas, dependiendo de la gravedad de cada caso.

«Se van a ir abriendo y cerrando zonas según avance la obra para intentar que interfiera lo menos posible en la ateción»

Arantza Aguillo

Jefa de Urgencias

Uno de los mayores desafíos será ejecutar las obras sin detener la actividad asistencial. Para ello se ha diseñado un calendario dividido en cuatro fases sucesivas que permitirá trasladar temporalmente la actividad de unas zonas a otras conforme vayan concluyendo los trabajos. «Lo primero que se va a hacer es cambiar el área de observación de sitio y hacerla nueva. Luego iremos a trabajar a esa zona y se cerrará otra para hacerla nueva», detalla.

Según la planificación elaborada, esta organización permitirá minimizar el impacto de las obras sobre la asistencia diaria y garantizar la continuidad del funcionamiento de Urgencias durante todo el proceso. «El objetivo es intentar que interfiera lo menos posible en la atención», añade.

Dos décadas de antigüedad

Una parte importante de las actuales Urgencias fue remodelada en 2004, aunque aquella actuación consistió fundamentalmente en una actualización de las instalaciones existentes. «Se hizo un poco un lavado de cara», dice Aguillo. Veinte años después, el paso del tiempo, la evolución tecnológica y el aumento de la presión asistencial hacen necesaria una intervención mucho más profunda.

El incremento de pacientes no es una percepción, sino una realidad respaldada por las cifras. Hace dos décadas, las Urgencias del Hospital Donostia atendían una media de 270 personas diarias. En los años precedentes a la pandemia del coronavirus una jornada con 300 asistencias se consideraba excepcional. Tras el Covid, las cifras se han disparado. Este pasado mes de julio «casi todos los días» se ha rebasado ese umbral y el viernes 10 el servicio batió su récord histórico de asistencia con 357 pacientes atendidos en un solo día, tal y como detalla la facultativa.

De ahí la necesidad de esta reforma, que permitirá renovar completamente las instalaciones, actualizar los sistemas técnicos y adaptar el área a las nuevas necesidades organizativas y asistenciales de un hospital de referencia como el de la capital guipuzcoana, que presta servicio a cerca de 400.000 vecinos, prácticamente el 60% de los residentes del territorio.