Hay empates que son un punto y otros que dejan interrogantes gigantescos flotando sobre el cielo de El Sadar. El estreno oficial de la era Ramis ante el Levante se saldó con un plomizo 0-0 que no solo mandó al limbo los 40 partidos consecutivos de Osasuna marcando ante su gente, sino que dejó una sensación generalizada de vértigo en la grada. Sí, el balón no quiso entrar, pero el problema, más allá de la estadística histórica rota, es lo que transmitió el equipo sobre el verde.
En medio de la sequía, lo único verdaderamente rescatable fue el buen papel y el desparpajo de Íñigo Arguibide. El canterano volvió a demostrar que es más que digno para pelar por la titularidad en el carril derecho. Se vació en defensa, barrió su banda y se sumó al ataque con buen criterio y casi fue el mayor peligro de los rojillos en ataque, siendo de lo poco potable en una tarde de escasez creativa.
Tampoco ayudó Ryan. El portero granota se erigió en el verdugo silencioso de los rojillos, sacando manos imposibles —una de ellas abajo a bocajarro que todavía resuena en la memoria— cuando El Sadar ya cantaba el gol.
Pero la realidad es terca y el poso que deja el partido alimenta una inquietud que ya venía sobrevolando el entorno desde este verano. La imagen del equipo fue espesa, falta de colmillo y con una preocupante falta de fluidez en la medular que se vio acentuada cuando, para colmo, Aimar Oroz tuvo que pedir el cambio cojeando tras un golpe en la rodilla izquierda. Ver al faro del equipo retirarse en el 72 con gestos de dolor para dejar su sitio a Raúl García de Haro fue la puntilla emocional para una grada que empieza a mirar el horizonte con el ceño fruncido.
Y sorprende porque, hay que recordar, estamos en la jornada uno (o en la dos, pero el primer partido gracias a Javier Tebas y los que le han votado, entre ellos Osasuna). El osasunismo es paciente, histórico y fiel como pocos, por lo que sorprende aún más. Está claro que la rojez necesita explicaciones y no del entrenador. Pero iría más allá, tampoco del director deportivo, que cada vez da más sensación de traer lo que puede con los recursos que le dan en vez de lo que quiere. Alguien (el presidente o el director general, básicamente) debería de salir a dar palpables razones al porqué de este mercado veraniego y más tras haber ingresado la venta más importante de la historia de Osasuna.
Queda un mundo por delante y margen absoluto para que Ramis ajuste las piezas de su pizarra, pero el murmullo en la calle ya es palpable y todo hace indicar que para que las aguas vuelvan a su cauce se necesita que alguien salga a hablar (o que Ramis saque petróleo a algo que parece escaso).