Lucas Capalbo nació en 2000 en León cuando su padre, el uruguayo Marcelo Capalbo, militaba en el equipo de la ciudad castellana. Creció en Uruguay … y allí comenzó a construir una carrera que este año le ha llevado hasta Gipuzkoa. Con 26 años, el base se incorpora al nuevo proyecto del Askatuak después de una buena primera temporada en España con el Fibwi Palma.

Su camino hasta llegar a Donostia ha sido poco convencional. Capalbo se formó en Uruguay y con 18 años cruzó el continente hacia el norte y probó suerte en la NJCAA de Estados Unidos. Su paso por el baloncesto universitario fue con el Odessa College, en Texas, aunque la pandemia interrumpió su experiencia universitaria y le hizo regresar a Uruguay. Allí comenzó su carrera profesional en 2020 con el club 25 de Agosto.

Después llegaron Malvín y Cordón. Con este último conquistó en 2022 la Liga Uruguaya de Ascenso y fue elegido MVP del torneo. En 2024 tuvo su primera experiencia fuera de Uruguay con los Centauros de Portuguesa venezolanos antes de regresar a mitad de temporada a Malvín. Un año después llegó el salto a España con el Fibwi Palma de Primera FEB.

En su temporada en la isla dejó buenos números: 10,5 puntos y 4,3 asistencias por partido, cifras que le situaron entre los jugadores más destacados de la competición en ese apartado. Ahora cambia Palma por Donostia y llega al Askatuak Gipuzkoa con la responsabilidad de ser el director de orquesta del conjunto de Sergio García. «Liderar al equipo en cuanto a la organización de juego», explica sobre el papel que le ha pedido el técnico. El base asegura que García le transmitió confianza desde el primer momento: «Me vino a buscar temprano en la temporada. Eso me dio mucha seguridad y noté que confían en mí».

«Me gusta atacar el aro»

Capalbo considera que su juego es más que un base organizador y que puede aportar muchas cosas al equipo. Se define como un jugador capaz de «tocar bastante pintura y distribuir el juego hacia afuera», pero también de asumir protagonismo anotador cuando el partido lo requiera. «Hay momentos que me gusta anotar y asumir responsabilidades y momentos también en los que trato de encontrar a mis compañeros liberados», explica.

Pero por encima de todo, destacan las ganas con las que juega. «Dar energía al equipo creo que es mi principal cualidad, soy un jugador muy canchero», asegura. Su intención es convertirse en un hombre capaz de cambiar el ritmo de los partidos y aportar dureza e intensidad en defensa.

Esa energía tan reconocida en los jugadores sudamericanos es lo que le llevó a debutar con la selección de Uruguay en 2023. Ha formado parte de las convocatorias que han disputado competiciones FIBA, incluidos los últimos clasificatorios para el Mundial de 2027.

Ahora afronta una nueva oportunidad en España. «A uno lo traen para competir y eso voy a hacer», resume. No se marca ningún objetivo a nivel personal, más que «ayudar al equipo a conseguir victorias».

«Hay que ir conformando el equipo, conocernos entre todos y construir un poco esa química», señala. El club ha colgado en redes que el domingo se fueron a dar una vuelta por la bahía en el catamarán. En esa construcción también quiere conectar con la grada. Ya le han hablado del ambiente del Gasca y espera vivirlo desde la pista.«Estoy entusiasmado y con ganas de verlos a todos animando», confiesa.

Después de un recorrido exigente por varios países y equipos, Lucas Capalbo encara otro capítulo en su carrera con una misión clara: poner orden, energía y ritmo al nuevo Askatuak Gipuzkoa.