Una de las rupturas que más conmocionó al mundo del tenis fue el ‘divorcio’ profesional entre Rafa Nadal y su tío, Toni. Y es que, a veces, la expresión de ‘no mezcles la familia con el trabajo’ puede cobrar sentido con el paso de los años.

Nadal empezó desde muy pequeño a jugar al tenis, con tres o cuatro años, y bajo el liderazgo de su tío Toni Nadal. Ambos trabajaron juntos durante casi 27 años, desde que Rafa daba sus primeros raquetazos hasta los 31 años.

Bajo la tutela directa de su tío, Rafa conquistó 16 de sus 22 títulos de Grand Slam. Una relación que fue estrecha desde edades tempranas y que, como resultado, acabó modelando a uno de los mejores tenistas de todos los tiempos.

Grandes cambios en el tramo final de su carrera

Por ello, fue una difícil decisión la de tomar caminos separados. Si nos remontamos a 2017, un año en el que Nadal no conseguía reencontrarse con su mejor nivel, el balear decidió tomar ciertas decisiones para encarar de la mejor forma posible el último tramo de su carrera.

El principal cambio que provocó que Toni Nadal se sintiera desplazado fue la incorporación de Carlos Moyá como entrenador a finales de 2016. Aunque, tal y como posteriormente explicaron, la llegada de Moyá no tenía la intención inicial de apartar a Toni, sí que alteró por completo la dinámica del equipo.

«Estuve cerca de parar de jugar al tenis durante una temporada. Estaba cansado de mi día a día, pero Toni no era un gran amante de los descansos. Él creía que el camino más recto a la recuperación era seguir jugando«, explicó Nadal.

Nadal fue incapaz de comunicar a Toni la incorporación de Moyá

El mismo contó que su tío era una persona muy exigente y que siempre buscó sacar la mejor versión de él. Además, a eso se le suma el factor de la familia y esa ‘motivación’ extra de que le vayan bien las cosas. Por lo que se le hizo imposible comunicarle él mismo la decisión de incluir a otra persona en la ecuación.

«La relación con Toni a nivel profesional no estaba mal, pero yo a lo mejor necesitaba que mi cabeza escuchara un mensaje distinto. Se tomó la decisión de que era necesario incorporar a otra persona». El encargado de comunicarlo fue su padre, Sebastià.

Y así lo explicó el padre del ganador de 22 Grand Slams en el documental que estrenó el tenista hace un par de meses: «Toni es mi hermano, pero lo primero es mi hijo. Toni a lo mejor no estaba contento, pero entendíamos que era beneficioso para Rafa».

La delgada línea de exigir y sobreexigir

Rafa reconoció que la línea entre exigir y sobreexigir es muy delgada, pero con el tiempo entendió que todo lo que hacía Toni era porque quería verlo crecer y alcanzar su máximo potencial. Para Nadal, esa exigencia nunca nació desde el ego, sino desde el deseo genuino de ayudarlo a convertirse en un campeón.

Incluso las declaraciones que Toni hacía en la prensa antes de comunicar que se autodespedía del equipo de su sobrino dejaban entrever que no le habían sentado nada bien los últimos cambios.

«Hasta los 17 años decidía todo yo mismo. Entonces llegó Carlos Costa como agente y también se acercó el padre, cada uno con sus opiniones. La verdad es que cada año decido cada vez menos, así que llegaremos al punto en que ya no decida nada», expuso Toni en su día a la prensa.

Fue un shock para Nadal, pero al final, todo queda en familia

Durante una entrevista con un medio italiano y sin previo aviso a nadie, Toni anunció que 2017 sería su último año entrenando a Rafa, sin que él o Moyá lo supieran. «Me sentí un poco en shock, era mi tío y la influencia que tenía en mí era superior a cualquier otra persona que he tenido«, explicó años después Nadal sobre las formas en las que su tío gestionó la situación.

Ahora, con el tiempo, parece que han limado asperezas y siguen trabajando juntos en la Academia de Rafa, donde Toni se dedica a entrenar a los alumnos. «Ahora quiero volver a hacerme cargo de la educación de los jóvenes y nuestra Academia es el lugar perfecto«, explicó el exentrenador sobre cuál sería su papel fuera de los banquillos.

Al final, todo queda en familia.