Los agonistas del GLP‑1, conocidos por su eficacia en la diabetes y la pérdida de peso, vuelven a situarse en el centro de la investigación científica por un posible beneficio inesperado: la salud mental. Un nuevo estudio de la Universidad de Griffith (Australia), publicado en Acta Psychiatrica Scandinavica, apunta a que estos fármacos podrían reducir el riesgo de hospitalización psiquiátrica en personas con trastorno bipolar, una enfermedad que afecta a unos 37 millones de personas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La investigación, dirigida por el profesor Mark Taylor, analizó durante 15 años los datos de cerca de 15.000 pacientes con trastorno bipolar en Suecia a los que se había prescrito algún agonista del receptor GLP‑1. El resultado más llamativo fue el de la semaglutida -comercializada como Ozempic y Wegovy-, que se asoció con un 21% menos de riesgo de hospitalización psiquiátrica durante los periodos en los que los pacientes la tomaban, en comparación con las etapas sin tratamiento con GLP‑1.

«Las personas con trastorno bipolar que tomaban semaglutida presentaron tasas significativamente menores de hospitalización psiquiátrica”, señala Taylor.

El estudio sugiere que la señalización del GLP‑1 podría proteger el cerebro al reducir la inflamación, el estrés celular y otros procesos biológicos implicados en el trastorno bipolar. Estos mecanismos ya se habían observado en investigaciones previas sobre neuroprotección y envejecimiento cerebral, donde los GLP‑1 mostraron capacidad para modular rutas inflamatorias y mejorar la plasticidad neuronal.

Aunque la semaglutida fue el fármaco que mostró una asociación clara, otros agonistas como la liraglutida o la dulaglutida no evidenciaron el mismo efecto, lo que indica que los beneficios psiquiátricos podrían depender de características específicas de cada molécula.

Un patrón que empieza a repetirse

El interés por el impacto de los GLP‑1 en la salud mental ha crecido en los últimos años. Más allá del trastorno bipolar, varios estudios han explorado su influencia en la depresión, la ansiedad y el control de impulsos.

En modelos animales, la liraglutida ha demostrado reducir conductas depresivas a través de un mecanismo inesperado: la modulación del microbioma intestinal. Investigaciones recientes publicadas en Cell Host & Microbe mostraron que este fármaco aumenta la presencia de Lactobacillus delbrueckii, una bacteria capaz de producir compuestos que regulan la respuesta al estrés en el cerebro. Sin esa flora intestinal, el efecto antidepresivo desaparecía, lo que apunta a un eje intestino‑cerebro como mediador clave.

En humanos, los datos son aún preliminares, pero varios ensayos han observado mejoras en síntomas de ansiedad y en el llamado “craving alimentario”, un componente relevante en trastornos como la bulimia o el trastorno por atracón. También se investiga su posible papel en la reducción de conductas adictivas, especialmente en el consumo de alcohol, aunque los resultados todavía no son concluyentes.

Personas con comorbilidades complejas

La coexistencia entre obesidad, diabetes y trastorno bipolar es frecuente, y los expertos sospechan que comparten rutas fisiopatológicas relacionadas con la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y la disfunción mitocondrial. Si los GLP‑1 pueden actuar sobre estos mecanismos de forma simultánea, podrían ofrecer beneficios integrados en pacientes con comorbilidades complejas.

Aun así, los investigadores insisten en la prudencia. El estudio sueco es observacional y, aunque robusto, no permite establecer causalidad. Taylor subraya que será necesario realizar ensayos clínicos aleatorizados para confirmar si la semaglutida puede convertirse en una herramienta terapéutica en el trastorno bipolar.

Mientras tanto, el interés científico continúa creciendo. Los GLP‑1 ya han demostrado efectos más allá del metabolismo: reducción del riesgo cardiovascular, mejora de la apnea del sueño, disminución de la inflamación hepática y, ahora, posibles beneficios en la salud mental. La pregunta es si estos fármacos, diseñados inicialmente para la diabetes, podrían convertirse en una pieza inesperada en el tratamiento de trastornos psiquiátricos.