La provincia Alicante concentró durante 2025 el 35 % de los casos de herpes zóster registrados en la Comunidad Valenciana, con 6.631 del total de 18.826 notificados en el conjunto del territorio autonómico, según datos de la Conselleria de Sanidad recogidos en la memoria anual del Consejo Económico y Social de la Comunidad Valenciana. Se trata de la más prevalente entre las enfermedades de declaración obligatoria, lo que permite a las autoridades sanitarias conocer cómo evolucionan la infección, detectar cambios en su comportamiento y adoptar medidas de prevención y control.

Los datos muestran una elevada incidencia del herpes zóster, una enfermedad provocada por el mismo virus que causa la varicela en la infancia, que cursa con lesiones locales por reactivación del virus latente en los ganglios raquídeos. Una vez que pasamos la varicela, el virus permanece en el cuerpo y, aunque puede que no cause problemas durante años, a medida que envejecemos, debido a que nuestro sistema inmune se debilita, puede reaparecer en forma de culebrilla o herpes zóster. Se estima que cerca de un 2 % de los casos necesitan atención hospitalaria.

Ante este riesgo, Sanidad impulsa la vacunación en la Comunidad a partir de los 65 años, además de la inmunización de determinados grupos de riesgo, entre ellos las personas inmunodeprimidas. La vacunación sistemática de la población de mayor edad se incorporó al calendario en 2023 y la estrategia se ha ido extendiendo progresivamente a nuevas cohortes.

El herpes zóster afecta cada año a uno de cada 100 mayores de 65 años. La incidencia se dispara a partir de esta edad y puede alcanzar entre 800 y 1.000 casos por cada 100.000 habitantes, según explica el doctor Juan Francisco Navarro, presidente de la Sociedad Valenciana de Medicina Preventiva y Salud Pública.

Virus de la varicela

El origen está en el virus de la varicela-zóster. Prácticamente, todos los adultos han pasado durante la infancia, por lo que permanece de forma latente en el organismo y puede reactivarse décadas después. «La infección la tienen prácticamente todos los adultos, la tienen ahí dormida», explica el experto.

La reactivación está especialmente relacionada con el proceso de inmunosenescencia, o pérdida de capacidad de respuesta del sistema inmunitario, que favorece que el virus vuelva a activarse y explica el importante incremento de casos a partir de los 60-65 años.

Además, haber pasado un herpes zóster no garantiza que no vuelva a aparecer. La infección puede repetirse y, según el especialista, haber sufrido un episodio no elimina el riesgo de padecer otro en el futuro.

Neuralgia postherpética

Una de las principales complicaciones es la neuralgia postherpética, un dolor provocado por el daño que el virus puede causar en las fibras nerviosas que aparece meses después de finalizada la erupción. En algunos pacientes, las molestias persisten durante largos periodos de tiempo e incluso pueden convertirse en un dolor crónico que requiere atención especializada en las unidades del dolor. Su incidencia supera el 12 % a partir de los 65 años.

El zóster también puede presentar formas más extensas y complicadas y, en determinadas circunstancias, una persona con una infección activa puede transmitir el virus a personas que no están inmunizadas frente a la varicela. No obstante, el principal impacto para los pacientes se encuentra en las complicaciones, especialmente en el dolor persistente.

Navarro también apunta que se está investigando la posible relación entre la infección por el virus de la varicela-zóster y algunas enfermedades neurológicas, como la demencia o la esclerosis múltiple, aunque subraya que esta cuestión debe abordarse todavía «con cautela» y que son necesarios más estudios para confirmar cualquier relación.

Es muy recomendable hacer esa vacunación y en ello estamos. Los servicios de medicina preventiva estamos vacunando a mansalva

Juan Francisco Navarro

— Presidente de la Sociedad Valenciana de Medicina Preventiva y Salud Pública

Ampliar la vacunación

Ante este escenario, considera especialmente recomendable la vacunación de los mayores de 65 años y de las personas inmunodeprimidas, así como de aquellos pacientes que reciben tratamientos inmunosupresores.

En la Comunidad Valenciana, la estrategia de vacunación se ha organizado por cohortes de edad, de manera que cada año se incorporan determinados grupos, entre ellos las personas que cumplen 65 u 80 años. El experto advierte de que este sistema puede hacer que sean necesarios entre diez y doce años para alcanzar a toda la población mayor incluida en estas edades.

Por ello, considera que sería conveniente facilitar también el acceso a la vacuna a las personas situadas en las edades intermedias, entre los 65 y los 80 años, aunque reconoce que cualquier ampliación debe estar respaldada por la disponibilidad de dosis.

Mientras tanto, los servicios de Medicina Preventiva están intensificando la vacunación de los grupos incluidos en las recomendaciones y administrando las dos dosis necesarias para completar la protección. «Estamos vacunando a mansalva», resume el especialista para describir el esfuerzo que se está realizando para proteger a las personas con mayor riesgo.

Más casos

La dimensión de la enfermedad en Alicante se aprecia al compararla con el resto de patologías incluidas en el sistema de vigilancia. Tras los 6.631 casos de herpes zóster, la campilobacteriosis es la segunda enfermedad de declaración obligatoria con más notificaciones en la provincia en 2025, con 3.242 casos. Esta es una infección intestinal común causada por una bacteria que se transmite al comer carne de ave cruda o poco cocinada, beber leche sin hervir o agua sucia. Provoca diarrea, dolor de estómago y fiebre, y suele curarse sola en pocos días.

A continuación se situaron la infección gonocócica, con 1.107 casos; las infecciones por chlamydia, con 1.082; la salmonelosis, con 867, la varicela, con 523; y la sífilis, con 506 casos.

La diferencia entre el herpes zóster y el resto de enfermedades resulta especialmente significativa. Los 6.631 casos registrados en Alicante prácticamente duplican los de campilobacteriosis, la segunda patología más notificada, y multiplican por más de seis los de sífilis.

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