Lo que arrancó como un leve granizo se transformó en cuestión de segundos en una tortura, como una ametralladora de hielo que golpeaba con furia … contra el pelotón en plena tercera etapa de la Vuelta a España. Solo los cascos ofrecían un escudo mínimo ante el violento impacto del granizo, que castigaba la piel al descubierto de los corredores.

En pleno puerto no tenían cobijo a la vista. Algunos buscaron refugio a la desesperada. Cualquier cornisa, por pequeña que fuera, valía para resguardarse del azote del cielo. En mitad de aquel caos desatado, Mikel Landa protagonizó una escena que se hizo viral. El corredor alavés, en un gesto tan humano, se detuvo ante un espectador y buscó cobijo bajo su paraguas, compartiendo techo con la afición en el peor momento de la tormenta.

Poco después, la caravana ciclista encontró la salvación definitiva en el hotel IGESA Village Club Les Sorbiers. El establecimiento no dudó en abrir sus puertas de par en par para acoger y dar calor a los casi 200 guerreros de la ronda española, ganándose desde ese instante el aplauso unánime del ciclismo mundial y una auténtica avalancha de reconocimientos por su inolvidable acto de hospitalidad en mitad de la batalla.

Tiritando, con el cuerpo entumecido, los corredores buscaron cobijo en el hotel. Landa ha contado cómo fue dicha experiencia. El corredor vitoriano dice que fue algo «muy bonito» por cómo les acogieron. «Nos dieron toallas, algunos subieron a las habitaciones…», ha explicado. Al propio Landa se le vio sentado en las escaleras de madera del establecimiento junto a decenas de corredores.

Sobre las reseñas de otros ciclistas, Landa ha bromeado que, si vuelve a ese hotel, lo hará de vacaciones.