A sus casi 89 años, el genio que nos trajo ‘Blade Runner’, ‘Alien, el octavo pasajero’ y ‘Gladiator’ sigue demostrando su buen pulso tras la cámara, con la misma energía y unas ganas increíbles de seguir contando historias. Esta vez se ha subido a este futuro extremo e incierto, territorio recurrente en sus propuestas, y que sigue despertando su ilusión como cineasta a la hora de trabajar. Y no es fácil, porque Ridley Scott, responsable de una de las carreras más dilatadas de la historia del cine, no se enamora fácilmente de los proyectos. Hablamos con el director en Londres, y nos cuenta que necesita enamorarse “sobre el papel, ya sea de un libro o de una idea que te cuentan. Todo está en la escritura, en el papel, y si consigues que funcione sobre el papel, ese papel se convierte en el plano de la película, como los planos de un edificio que vas a construir. Eso lo es todo y lo más difícil. Una vez está sobre el papel, para mí es sencillo. Todo lo demás se me da bien (risas)”.

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Para su adaptación cinematográfica de la novela, Ridley Scott ha contado con un reparto de lujo, encabezado por la estrella del momento, Jacob Elordi. El australiano se mete en la piel de Hig, un mecánico antes de la llegada del virus, que, junto a su perro Jasper, se dedica a recolectar recursos y vigilar las inmediaciones de su refugio con su avioneta. Hig comparte espacio y discusiones vitales con Bangley, un extraordinario francotirador interpretado por Josh Brolin, aunque el deseo del joven radica en descubrir el estado del mundo más allá de la zona que controlan. Margaret Qualley, otra joven que trata de sobrevivir al desastre, y Guy Pearce, su padre en el film, completan el elenco, con alguna que otra sorpresa.

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La historia presenta al mundo sobreviviendo en el alambre, como otras películas adaptadas de libros que cuentan el devenir de la humanidad tras un gran colapso mundial. Los animales campan a sus anchas, los edificios han sido saqueados y los recursos son limitados. Y, casi desde el primer momento, descubrimos que el culpable de esta situación es un virus. Pero aquí no hay ni zombis ni otras criaturas que naveguen entre el terror y la fantasía: es, simplemente, un mundo devastado, sin reglas, marcado por el desarrollo letal de una enfermedad. Una circunstancia que, seis años después del despertar del COVID-19, nos obliga a abrir muchos los ojos, viajar al pasado y pensar en lo que pudo haber sido si la situación hubiese sido así de extrema.
Preguntamos a Ridley Scott si la crisis del coronavirus le inspiró para construir su visión de ‘La constelación del perro’, si utilizó las sensaciones que se vivieron entonces, al menos en lo que al comportamiento humano se refiere y a la gestión del descontrol: “Todo esto puede desencadenarse porque aparezca un virus que no sepamos cómo afrontar, pero también por una crisis financiera como la de 2008. Se abrió un abismo financiero y llegamos a pensar que los bancos estaban acabados. Cuando sucede algo así, tienes caos, pánico y anarquía. Con un virus, imagina una pandemia mundial a una escala enorme. ¿Qué ocurre entonces? Hace poco, a las playas españolas han llegado miles de personas del norte de África que nadie ha podido detener. Eso va a suceder cada vez más. Ya estamos avanzando en esa dirección. Así que la película es una advertencia. Da igual cómo suceda. No es una cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo”.

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‘La constelación del perro’ se desarrolla en un futuro postapocalíptico y contiene muchos de los ingredientes que decoran estas historias, pero no es, ni mucho menos, una película vertiginosa, poblada de escenas de acción y momentos críticos. El escritor, Peter Heller, fue un poco más allá extendiendo momentos de calma, reflexión y rutina en un contexto extremo e inédita. También existen, por supuesto, secuencias de tensión, acción e incluso terror, pero se equilibra con la quietud de un mundo que necesita empezar desde cero. Ridley Scott lo plasmó en pantalla a la perfección, tratando el material, en ocasiones, como un western: el avión que maneja Jacob Elordi, fundamental en la trama a nivel práctico, funciona también como elemento de desconexión y sosiego para el protagonista y el espectador, como un cowboy que recorre las amplias llanuras americanas con su caballo: “La película se parece mucho a un western, en parte por el paisaje y el aislamiento. Y me encanta que Jacob y Josh sean una pareja de lo más dispar. Se toleran el uno al otro, pero al mismo tiempo cada uno necesita al otro”.

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Un ejemplo claro de esta representación más profunda durante el desastre se demuestra en la importancia que tanto Heller como Scott entregan a las pequeñas cosas. Durante el metraje, en medio del caos, la suciedad y la desesperanza, incluso del desprecio, la inseguridad y el miedo, existe una rendija por la que entra un aire un poco más limpio: se habla de café, cigarrillos e incluso tortitas con cierta nostalgia. Ridley Scott nos explica cómo funcionan esos elementos en historias de estas características: “Forman parte de nuestra vida. Forman parte de la condición humana, de nuestra zona de confort. El café, los cigarrillos… No deberías hacerlo, aunque lo haces de vez en cuando. Yo fumaba cuatro paquetes de Marlboro al día. Les quitaba la punta para que fueran más fuertes. Es increíble que siga aquí. Es un milagro. Pero las pequeñas cosas significan mucho. Hay una canción sobre eso, “Little Things Mean a Lot”. Así que ahí lo tienes”.

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Entrando en materia, preguntamos al director por una de las escenas más potentes de la cinta, donde Josh Brolin se enfrenta a una tribu de rebeldes durante la noche, empleando varios planos subjetivos de visión nocturna en la construcción de la secuencia: “Cuando dibujo, me hago una idea muy clara en la cabeza de lo que quiero conseguir. Tengo la suerte de tener buen ojo. Para mí, la escuela de arte fue una formación excelente: siete años, una formación equivalente a la de un doctor; cuatro años de experiencia práctica y tres años en la Royal College of Art. Muchos chicos dicen: ‘No necesito ir a la universidad’. Yo digo: ‘Bueno, sí necesitas la universidad, no te engañes’. Utilizo todo lo que aprendí en la escuela de arte. Entonces, para una secuencia así, me siento y pienso: ‘¿Cómo puedo hacer esto con visión nocturna?’. Entonces, me lo invento, lo dibujo y el equipo de efectos visuales lo recoge y lo desarrolla hasta convertirlo en una imagen”.
Antes de terminar nuestra entrevista, le preguntamos sobre su experiencia de trabajar con varios actores españoles a lo largo de su extensa carrera, como Javier Bardem (‘The Counselor’), María Valverde (‘Exodus: Dioses y reyes’) o Fernando Rey (‘1492: La conquista del paraíso’). “Y con Penélope Cruz”, recuerda él, con quien trabajó en ‘The Counselor’ junto al mencionado Bardem. “Es de armas tomar (risas)”, recalca sobre la actriz de Alcobendas. “Solo recuerdo cosas buenas de ellos”, dice.

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