La investigación sanitaria vive un momento decisivo. Su objetivo sigue siendo el mismo, mejorar la calidad y la esperanza de vida, pero el modo de … hacerlo está cambiando a una velocidad vertiginosa. En este sentido, la Inteligencia Artificial (IA) está presente cada vez más en los escenarios cotidianos, y la sanidad no es ajena a este avance tecnológico. Muestra de ello es la enorme capacidad de la IA para procesar e integrar grandes volúmenes de datos que se generan diariamente en los hospitales, como por ejemplo en los laboratorios de anatomía patológica, donde se genera una parte esencial del conocimiento que alimenta la investigación en salud.

«Desde el análisis de tejidos y células, la interpretación de biomarcadores, datos moleculares, multiómicos (genómicos, proteómicos, metabolómicos…), hasta el procesamiento digital de biopsias de los pacientes, el uso de estas imágenes de alta resolución y la disponibilidad de datos masivos han convertido a la anatomía patológica en uno de los campos donde la IA muestra un mayor potencial», explica el patólogo del Hospital Donostia Jhon Comba y responsable del cribado de cáncer de cérvix.

El experto explica que este tipo de algoritmos son «capaces de detectar patrones invisibles al ojo humano, predecir la evolución de tumores o identificar alteraciones moleculares a partir de una imagen» que están «redefiniendo la forma de diagnosticar». Pero no solo eso, «si integramos la capacidad de análisis daremos paso a un modelo de medicina más predictiva, preventiva, personalizada y participativa, donde el diagnóstico ya no es solo una fotografía del presente, sino una herramienta que ayuda a definir el futuro clínico del paciente».

Esta tesis defiende también la jefa de servicio de Anatomía Patológica del centro donostiarra, Irune Ruiz, quien sostiene que «nuestro futuro es algo que se llama patología computacional. La anatomía patológica es como la base de la medicina personalizada porque diagnosticamos el tipo de cáncer que es y luego diagnosticamos las dianas terapéuticas que van asociadas a un tipo de tratamiento, de tal manera que seleccionamos un tratamiento».

En este sentido, Osakidetza ha dado un paso importante hace unos meses en la forma de diagnosticar enfermedades con la digitalización completa de la anatomía patológica, una especialidad clave en medicina que estudia biopsias, citologías y tejidos del cuerpo para detectar enfermedades, confirmar diagnósticos y ver cómo evolucionan. Es una de las bases del diagnóstico del cáncer.

El cambio ha consistido en dejar atrás el análisis exclusivamente al microscopio para trabajar ahora con imágenes digitales de alta resolución de esas mismas muestras. Esto permite que los especialistas puedan verlas, analizarlas y compartirlas desde cualquier hospital de la red sanitaria vasca.

En Euskadi se realizan alrededor de 1,3 millones de pruebas de anatomía patológica al año, lo que da idea del peso que tiene este servicio dentro del sistema sanitario. La digitalización permite gestionar ese volumen con más agilidad y mejorar la coordinación entre profesionales.

En la práctica, el sistema permite que un caso pueda ser revisado en cuestión de minutos por distintos especialistas de hospitales diferentes, algo que antes era más lento y dependía del traslado físico de las muestras o de informes.