Un hogar para siempre
El mobiliario y los elementos a medida, como las puertas de madera semitransparentes que separan la cocina del comedor, se desarrollaron en colaboración con talleres de artesanos de la zona. “Reflexionamos mucho sobre cómo vivimos realmente como familia y nos centramos en crear espacios que facilitaran nuestro día a día”. La comodidad, la luz natural, la privacidad, la flexibilidad y una estrecha relación con la naturaleza guiaron tanto la arquitectura como el interiorismo. “Mirando atrás, ese ejercicio de analizar nuestros hábitos, rutinas, rituales y deseos, y traducirlos a la arquitectura, fue uno de los aspectos más valiosos de todo el proyecto”. En la azotea, crearon un espacio abierto pensado para disfrutar de la vida al aire libre. La piscina y el comedor exterior se integran en un jardín de vegetación mediterránea, que parece prolongarse de forma natural hacia el paisaje boscoso de las afueras de Atenas.
Hoy, este piso no solo es un refugio para Katja Margaritoglou y Sotiris Tsergas, sino también el lugar donde crecen sus hijos. Su proyecto demuestra cómo la polykatoikia ateniense puede reinterpretarse para el siglo XXI: abierta, duradera y estrechamente vinculada al paisaje. La luz cambiante que baña la ciudad, las puestas de sol y las vistas hasta el monte Himeto recuerdan cada día a la familia que la naturaleza nunca está lejos, ni siquiera en el corazón de una metrópolis como Atenas.
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La terraza es el lugar ideal para tomar el primer café de la mañana. Las mesas y las sillas de exterior son de Kartell.
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Los muebles del comedor exterior son de Kave y Almeco. Al fondo, entre la bruma, se divisan las colinas del noreste de Atenas.
©Ana Santl