Ridley Scott sigue estrenando películas a la increíble edad de 88 años. El hombre que firmó en 1982 ‘Blade Runner’, la cinta de ciencia-ficción … más influyente de todos los tiempos, el autor de esa obra maestra que fue ‘Alien, el octavo pasajero’, no siempre ha mantenido los mismos niveles de excelencia, aunque todos sus largometrajes los ha despachado con oficio y algunos destellos de genio.
‘La constelación del perro’, ya en cines, no figurará entre sus obras más recordadas, pero al menos entretiene de principio a fin a lo largo de sus dos horas. Adapta la novela homónima del estadounidense Peter Heller, que entre nosotros editó Blackie Books en 2014. Una historia que transcurre en 2035 en un mundo postapocalíptico donde una gripe ha diezmado la población y solo sobreviven unos pocos. Una distopía que ahora inevitablemente nos remite al mundo convulso que nos toca vivir tras la pandemia del covid.
Jacob Elordi, actor australiano de origen ondarrés, da vida al lacónico héroe protagonista. Cuando le vemos en los compases iniciales junto a su perro Jasper recuerda al Will Smith de ‘Soy leyenda’, adaptación del relato de Richard Matheson, en el que era el único hombre vivo sobre la Tierra. El personaje de Elordi no está tan solo. Convive en un aeródromo perdido entre bosques junto a un ¿exmilitar?, una máquina de matar encarnada por el gran Josh Brolin. De vez en cuando, el exmecánico vuela a bordo de su desvencijada Cessna hasta Denver, donde tuvo su otra vida junto a su mujer, que no superó la epidemia. Se aprovisiona de víveres e incluso entra en su antiguo hogar, donde le asaltan los recuerdos.
‘La constelación del perro’ es, claro está, una cinta de ciencia-ficción, aunque durante la mayor parte de su metraje está rodada casi con los códigos del western, lo que no es nada malo. Scott se detiene en mostrar la magnificencia de la Naturaleza. Y en contraste captura la amenazante ciudad abandonada, que la vegetación comienza a conquistar. Los villanos de la historia no son zombis sedientos de sangre humana, sino «carroñeros», tal como se les denomina, tribus de salvajes violentos y tatuados que recuerdan poderosamente a las huestes de la saga Mad Max. Sus ataques son repelidos por los colonos como si fueran indios que asaltan un rancho.
En este mundo sin vacunas y donde el dinero ya no sirve de nada, la esperanza está simbolizada en una familia de menonitas que vive de su granja como en el siglo XVIII y en unas voces que se escuchan por la radio, la promesa de un lugar sin violencia. Margaret Qualley y Guy Pearce dan vida a la familia de supervivientes con la que se encuentra el protagonista en su viaje hasta una Arcadia que a lo mejor únicamente está en su cabeza. Solo es cuestión de tiempo que los guapísimos actores se besen, aunque antes Elordi deberá superar el trauma que le atormenta.

Jacob Elordi y Margaret Qualley en ‘La constelación del perro’.
«La gente no ve las noticias. Y yo soy un adicto a ellas, veo las noticias internacionales dos veces al día. Gran parte de lo que cuenta la película ya está ocurriendo, pero todos tenemos los ojos vendados, a todos los niveles», sostiene Ridley Scott. Más allá del puro entretenimiento, la adaptación del libro de Peter Heller lanza inequívocas llamadas a nuestro presente. «Tenemos armas, víveres y un perímetro defendible. Es el puto sueño americano», proclama el personaje militarista encarnado por Josh Brolin, que con su individualismo y realismo rebate la idea de comunidad y esperanza.
El autor de ‘Gladiator’ alude al «cambio climático, el caos y las calamidades en ciertos puntos del mundo» como signos de que «esta caída cuesta abajo y sin frenos» del mundo actual ya se está produciendo. El cineasta británico no pretendía convertir ‘La constelación del perro’ «en un documental», porque lo suyo siempre ha sido entretener. «Pero entretener también debería suponer un reto. No puedes limitarte a quedarte ahí sentado sonriendo ante una película estúpida, es genial cuando empieza a decirte algo», explica.
El mensaje del filme resulta diáfano: solo los decentes sobreviven, solo la solidaridad nos salvará y será semilla de la civilización. ‘The Dog Stars’ es una digna aunque no memorable distopía que cada vez nos parece más inmediata, y que en su tramo final levanta el vuelo de tal manera que, por unos minutos, nos hace recordar al genio detrás de ‘Blade Runner’. Así, el episodio que tiene lugar en el aeropuerto de Grand Junction, la ciudad de Colorado con la que sueña el protagonismo, adquiere niveles de extrañeza, inquietud y brillantez que hasta entonces se habían echado de menos en el filme. Si el resto de la película hubiera mantenido esa capacidad de sorpresa y mal rollo estaríamos hablando del mejor largometraje de Ridley Scott en años.