Tres títulos individuales y dos por equipos es el saldo de Jon Rahm en su paso por el LIV Golf, que cerró su quinto año de existencia en The Club of Chatham Hills de Indianápolis con un aroma a despedida definitiva. La reinvención del circuito que se promete sin el dinero saudí tendrá, probablemente, otros protagonistas y no parece que el barrikoztarra y otras estrellas vayan a estar entre ellos. En sus tres años en el LIV, Rahm ha hecho todo lo que podía hacer. Ha acumulado diecinueve triunfos entre parciales y colectivos y se ha mostrado como el jugador más consistente. El domingo conquistó su segundo doblete seguido al sellar la victoria con su Legión XIII. “Misión cumplida. Siento que hemos hecho un trabajo magnífico. El año pasado también fue excelente, pero no conseguí ganar ningún torneo, pero este año ya no hay ninguna duda”, resumió.
Rahm ha logrado en 2026 dos triunfos individuales y con el de Indianápolis, cinco segundos puestos en doce torneos. En la cita en la que quería poner el broche de oro le apartó de la victoria Michael Lo Sasso, el jugador más joven del LIV, que logró su primer triunfo como profesional a los 22 años. El californiano estuvo quirúrgico en su golf para derrotar al mejor Rahm posible, que firmó siete golpes bajo par en la última vuelta. Sin embargo, con un bogey en el último hoyo abrió la puerta a Lo Sasso, que la cruzó sin cometer errores en sus dieciocho hoyos para coronar una campaña discreta en la que nunca había acabado entre los diez primeros.
El golfista de Barrika ha sido el campeón de la consistencia y se quedó con la miel en los labios de una última victoria, aunque al menos logró dar la vuelta a sus discretas prestaciones de los torneos anteriores. 110 jugadores han disputado algún torneo del LIV y en los tres años en los que Jon Rahm ha estado en él solo veinte han podido sumar algún triunfo y solo ocho han ganado más de una vez. Cuatro lo ha hecho el vizcaino, que ha logrado sumar casi todas las semanas para alcanzar la gloria final y escalar hasta el duodécimo puesto del ranking mundial. Por ejemplo, en el PGA Tour, el circuito referencia en el mundo, este año han logrado vencer al menos una vez veintiocho golfistas.
La gran pregunta para Rahm, y para casi todos, era la misma tras clausurar el curso. El futuro sigue siendo una incógnita, más allá de buenas intenciones. Jon Rahm, claro, sigue sin soltar prenda, aunque tiene contrato con el LIV. “Ahora tengo ganas de volver a casa y ayudar a mi mujer, que está muy embarazada. Estoy encantado de poder ejercer de padre durante unos días antes de regresar para el Irish Open. Pero, principalmente, estoy deseando cortarme el pelo mañana a las diez de la mañana porque lo necesito muchísimo”, manifestó el de Barrika. Para la respuesta que todo el mundo espera, habrá que esperar. Esa de Irlanda será su siguiente cita competitiva en un año que va a culminar en el DP World Tour. Dónde y en qué condiciones va a jugar a partir de febrero de 2027 es algo que se aclarará en las próximas semanas, quizás tras un trabajo de despachos.
El LIV podría declararse en bancarrota, lo que afectaría a sus compromisos económicos pendientes. De hecho, la bolsa de premios en Indianápolis ya fue menor de lo habitual y el cierre ha sido precipitado y algo chapucero, un síntoma de que la salud del circuito no es buena. Después de cinco años, se ha demostrado que era difícilmente sostenible y, al final, solo unos pocos jugadores han conseguido con su rendimiento hacer honor a un formato que nació con vocación de ser élite. Rahm, DeChambeau o Hatton, tres de sus principales exponentes que han acabado entre los cinco primeros, dieron respuestas esquivas, con más ganas de quitarse de en medio que de ofrecer explicaciones que, seguramente, no tienen. Jon Rahm ha cumplido con su misión en el LIV y solo él sabe si le ha merecido la pena.