KAMELOT – Dark Asylum
Discográfica: Napalm Records
Puntuación Popular

KAMELOT - Dark Asylum

Si hay una constante en los últimos lanzamientos de KAMELOT, -y me atrevería a decir que abarca a lo que podríamos denominar como esta última etapa con TOMMY KAREVIK al frente-, es que son trabajos complejos, que precisan de la atención y dedicación del oyente para lograr empaparse, sumergirse de lleno y, en definitiva, hacerse con los temas. La banda que capitanea THOMAS YOUNGBLOOD hace tiempo que encontró su senda, su apuesta artística, su identidad sonora y no parecen dispuestos a renunciar a ella. Sin embargo, pese a que sus últimos lanzamientos podríamos decir que orbitan sobre coordenadas similares, en “Dark Asylum”, – su decimocuarta entrega de estudio-, han incluido algunos elementos, matices y especialmente arreglos que hacen que sus nuevas composiciones sean algo más que la mera reiteración de algo que ya hicieran en el pasado. Una vez más, el combo americano ha vuelto a apostar por esa ambientación oscura, inquietante, cinemática, que dota a sus obras de un ritmo y un aura especial, muy característico y que, de alguna forma, se ha acabado convirtiendo en otra de sus señas de identidad. Sin duda, ese halo que hace que sus obras sean tan complejas, sofisticadas y compactas a la vez viene dado por la continuidad del equipo que forja su arquitectura sonora. De modo que no ha sido una sorpresa volverse a encontrar tras los controles con SASCHA PAETH, -con quien llevan trabajando tres décadas y también ha grabado algunas guitarras-, y JACOB HANSEN, que repite en la mezcla y la masterización.

En cuanto a los músicos que han grabado este nuevo trabajo del combo Tampa, tampoco ha habido cambios sustanciales. Así que, además de los ya mencionados THOMAS YOUNGBLOOD y TOMMY KAREVIK, la banda sigue contando con la sección rítmica que conforman el bajista SEAN TIBBETTS y el batería alemán ALEX LANDENBURG. Mientras que de los teclados y las orquestaciones se ha encargado OLIVER PALOTAI, que lleva ya más de dos décadas en el seno de la formación y se ha convertido en una pieza clave a la hora de completar el equipo compositivo que conforman THOMAS, TOMMY y SASCHA, y al que se ha sumado para “Sleeping Mind” BOB KATSIONIS. Una vez más, KAMELOT vuelven a proponernos una obra conceptual, aunque no en el sentido de centrarse en una historia lineal con principio y fin. La idea en torno a la que gira el álbum es una serie de historias que se desarrollan dentro de Ravenhill Asylum. Una imponente catedral victoriana convertida en sede para una institución donde coexisten ciencia, fe y locura, y que de alguna forma representa una analogía con la mente humana.

Por otro lado, como también viene siendo habitual en sus últimas entregas, KAMELOT han contado con  la participación de un variado elenco de invitados, que hacen que el disco tenga un ritmo y una ambientación de lo más cinemática, lo que confiere a “Dark Asylum” una orientación y estructura propia de una ópera rock. Si nos centramos en lo que es la propuesta musical, cabe remarcar que nos encontramos, como comenté anteriormente, ante un disco continuista y en el que el sello de la banda permanece intacto y es perfectamente reconocible. Sin embargo, llama poderosamente la atención que hayan buscado de forma deliberada recuperar argumentos y sonoridades que nos evocan a épocas y lanzamientos pasados. De modo que a lo largo del disco podremos reencontrarnos con cabalgadas netamente power metaleras, comandadas por el doble bombo, algunas pinceladas de folk medieval y varios guiños y arreglos de corte goth, que nos retrotraen al material contenido en “Silverthorn” (2012) y “Haven” (2015).

“Sanctorium” nos invita a traspasar el umbral de Ravenhill Asylum, con un colchón sonoro en segundo plano de lo más lúgubre e inquietante, junto a una alocución que desembocará en un desarrollo grandilocuente, en donde los arreglos de corte orquestal harán crecer la expectación del oyente. La velocidad propia del power metal marcará los compases iniciales de “Ashen World”, sirviendo como preámbulo antes de que el elegante registro de TOMMY se haga cargo de unas primeras estrofas que nos abocarán sobre un estribillo rápido, potente y que nos recuerda a los KAMELOT de finales de los noventa. Sin embargo, el contraste entre presente y pasado llegará hacia el ecuador del corte con un pasaje más oscuro en el que tendrán cabida varios registros rasgados a cargo de IGNACIA FERNÁNDEZ.

La grandilocuencia y la ampulosidad melódica no tardarán en adueñarse de “Dark Asylum”. Así que, tras su embaucadora entrada, la banda nos arrastrará de lleno sobre una pieza con varios cambios de ritmo e intensidad, dejando clara su apuesta decidida por la elegancia y la melodía al atacar un estribillo de aromas hímnicos y tonalidades altas que está llamado a convertirse en uno de los favoritos del álbum. La vocalista francesa CLÉMENTINE DELAUNEY será la que se encargue de dar un matiz diferente, -optando por un registro hipnótico-, a la oscura “Sanctuary”, para la que sumará, aportando la rabia de un registro más rasgado y agresivo, IGNACIA FERNÁNDEZ, creando una alternancia entre los tres registros que hace que el tema resulte especialmente atractivo, fusionando sofisticación y contundencia. Pero en donde por encima de todo destaca la brillantez y solidez de un soberbio estribillo construido y revestido alrededor de diferentes capas vocales.

“Nocte Veritas” es un breve e inquietante interludio, de algo menos de un minuto, que servirá para centrar la atención del oyente de cara a la inminente llegada de uno de los platos fuertes del disco. “One Last Masquerade” es otra de las que ahonda en ese concepto de ópera-rock al que los fans nos hemos acostumbrado en los últimos años. Apuesta por la complejidad estructural de un power metal ampuloso, melódico y en el que se combinan tempos poderosos y ambientaciones brumosas, con TOMMY y TOBIAS SAMMET compartiendo tareas vocales para completar una pieza de estribillo grandilocuente, muy AVANTASIA, y en donde la guinda la pone el duelo solista que protagonizan YOUNGBLOOD y PALOTAI. El cambio de registro llegará con los aromas más relajados, embaucadores y, por momentos, casi folk, de la deliciosa y delicada “Ivy, My Dear”, en la que destaca la sublime interpretación de TOMMY KAREVIK, todo emoción y sentimiento, – mínimamente arropado en las estrofas para sonar tremendamente elegante y sofisticado a la hora de abordar el estribillo-. Y es que el vocalista sueco es quien se ha encargado de escribir el tema y eso se nota en el “alma” que ha puesto a la hora de interpretarlo para completar el que probablemente sea el corte más emocionante y emotivo del álbum.

Transitando el ecuador del álbum, nos encontramos con “Godlike Alchemy”, una pieza que, debido a su posición en el tracklist, creo que pasará algo desapercibida. Sin embargo, me da la sensación de que es una composición con un gran potencial y que de seguro llamará la atención de los fans que la banda se ha granjeado en esta última etapa. Especialmente llamativos resultan los diferentes giros que nos proponen durante su desarrollo, dando mucha cancha a los elementos orquestales y a los grandilocuentes arreglos corales que servirán para potenciar y dar una mayor pomposidad a una pieza que rezuma buen gusto, elegancia y poderío metalero. Para los que gusten más de las etapas pretéritas del combo americano y de las sonoridades más afines a los parámetros power metaleros, seguro recibirán con una sonrisa dibujada en el rostro la velocidad, a ritmo de cabalgada, y el estribillo preñado de melodía que la banda nos regala en “The Sleeping Mind (Orphic Paradigm)”.

Para nada ha sido una sorpresa. La elegancia y la sofisticación melódica de la que siempre han hecho gala KAMELOT, junto al envoltorio sinfónico que recubre “Kaleidoscope”, servirán para que la banda refuerce una vez más su personalidad, legándonos otro alarde solista de YOUNGBLOOD junto al fantástico tratamiento de las voces y armonías que servirán para ponderar su magnánimo estribillo. La atmósfera se tornará mucho más bucólica y hasta evocadora durante el arranque de “Enigma (Think Of Me)”, con el vocalista sueco apoyándose nuevamente en sus registros más distinguidos antes de que el tema transite hacia un medio tiempo de dinámica cambiante, alternando pasajes líricos y vibrantes increscendos en los que el “hacha” de Richmond volverá a dejar muestra de su clase.

“Cassandra’s Disease” pasa por ser uno de los números más variados y completos del álbum. Un compendio de muchos de los elementos que integran el disco: guitarras muy crudas a la vez que oscuras, un estribillo matador, -de esos que se quedan dando vueltas en la cabeza-, una sucesión de cambios de ritmos y todo ello revestido de ese aire victoriano gracias a la complejidad de sus múltiples arreglos y detalles que el oyente va a tener ocasión de ir descubriendo en las sucesivas escuchas. Por supuesto, tampoco podían faltar los aromas de esencia medieval y orientación folk que imprime el violín de LEA-SOPHIE FISCHER durante la deliciosa “Beneath The Moon (Tunglio)”, dejando aparcada la instrumentación rockera para seducirnos con la sutileza que aportan los registros de RANNVEIG SIF SIGURDARDÓTTIR y SÓLVEIG SARA LEUPOLD en una pieza cantada en islandés. Casi conectada con el tema anterior, arranca de forma lenta “The Puppet King”, para convertirse en un zarpazo de heavy metal ágil, melódico, contando con una “cama” de teclados que de seguro hará que “los más power” la acaben citando entre sus favoritas. Breve, concisa y altamente adictiva. Como no podía ser de otra forma, teniendo en cuenta que “Dark Asylum” es una obra de ritmo y ambientación cinemática, qué mejor que reservarse como despedida “Sanctum Requiem”, un desarrollo instrumental que, -a modo de acompañamiento para los créditos-, vuelve a incidir en la faceta más grandilocuente, sinfónica y rimbombante del combo de Florida.

Siempre es bueno seguir avanzando, aunque sea mínimamente y sin dejar de mirar por el retrovisor el camino recorrido. “Dark Asylum” es un trabajo que mantiene intacta la personalidad y la esencia de KAMELOT, centrándose y ponderando muy especialmente todos los detalles y matices que han marcado esta última etapa. Nos encontramos, pues, ante una obra continuista, pero en la que de alguna forma han querido recuperar algunos elementos, especialmente esos toques y pinceladas victorianas de las que siempre se ha declarado seguidor su líder y principal compositor, THOMAS YOUNGBLOOD. Y eso es algo que de seguro sus fans van a agradecer.

Alfonso Díaz Cazorla

Lista de Temas

01 Sanctorium
02 Ashen World (feat. Ignacia Fernández)
03 Dark Asylum
04 Sanctuary (feat. Clémentine Delauney & Ignacia Fernández)
05 Nocte Veritas
06 One Last Masquerade (feat. Tobias Sammet)
07 Ivy, My Dear
08 Godlike Alchemy
09 The Sleeping Mind (Orphic Paradigm)
10 Kaleidoscope
11 Enigma (Think of Me)
12 Cassandra’s Disease
13 Beneath the Moon (Tunglið) (feat. Rannveig Sif Sigurðardóttir, Sólveig Sara Leupold , Lea-Sophie Fischer)
14 The Puppet King
15 ⁠Sanctum Requiem