Los nacimientos aumentan entre un 24% y un 27% durante los meses de junio, julio y agosto, coincidiendo con uno de los periodos de mayor presión asistencial para los servicios de obstetricia. Pero el verano también supone un reto añadido para las mujeres embarazadas, especialmente durante el tercer trimestre, cuando el calor se tolera peor y la deshidratación puede favorecer la aparición de contracciones.
Así lo explica Noelia Rodríguez Blanco, vocal matrona del Colegio de Enfermería de Alicante y directora de la Universidad Europea de Alicante, quien señala que durante los meses estivales se producen «cambios notables» en las puertas de urgencias. «Aparte de más nacimientos son meses de muchísimo trabajo», explica.
Según la matrona, a partir de junio aumenta progresivamente el número de partos y la tendencia se mantiene durante el verano. Septiembre marca ya el inicio del descenso.
Más calor, más fatiga durante el embarazo
Las altas temperaturas afectan especialmente a las mujeres que se encuentran en la fase final de la gestación. Durante el tercer trimestre aumenta el gasto cardíaco y el volumen sanguíneo, lo que genera una mayor sensación de calor, cansancio y problemas circulatorios.
A esto se suma el crecimiento del útero, que al final del embarazo puede llegar a pesar casi un kilogramo, además del feto, y que provoca que el diafragma se eleve y disminuya la capacidad pulmonar. «Ellas tienen más fatiga a cualquier tipo de esfuerzo», explica Rodríguez Blanco.
El calor puede incrementar además la hinchazón de piernas y pies, los mareos y las bajadas de tensión. Las mujeres que ya tienen varices pueden notar también un empeoramiento durante estos meses.
Otro de los problemas más frecuentes es la dificultad para dormir. El aumento del tamaño del útero y la elevación del diafragma pueden hacer que algunas embarazadas necesiten dormir algo más incorporadas, una situación que se complica todavía más con las altas temperaturas.

Dos embarazadas beben agua para sobrellevar el calor / INFORMACIÓN
La deshidratación puede provocar contracciones
Uno de los principales riesgos durante los episodios de calor es la deshidratación. Las embarazadas necesitan beber más líquidos y, si no mantienen una hidratación adecuada, pueden aparecer contracciones.
«La deshidratación produce contracciones», advierte la matrona. Por este motivo, durante el verano aumentan las consultas de mujeres que sienten contracciones y temen estar iniciando el parto. Sin embargo, en muchos casos estas molestias desaparecen cuando la mujer se tumba y recibe líquidos abundantes.

Noelia Rodríguez Blanco / INFORMACIÓN
Una mujer que tiene ya un riesgo de parto prematuro realmente sí el calor intenso puede influir indirectamente en que se inicie
El calor no ha demostrado por sí mismo que adelante el parto de forma directa, pero sí puede influir indirectamente a través de la deshidratación, especialmente en mujeres que ya presentan algún factor de riesgo de parto prematuro.
«Una mujer que tiene ya un riesgo de parto prematuro, pues a lo mejor tenga ya un poco de dilatación o no sea el primer hijo, realmente sí el calor intenso puede influir indirectamente en que se inicie», explica.
Además, el calor altera el descanso y el bienestar de las gestantes, que en las últimas semanas del embarazo pueden sentirse especialmente incómodas y acudir con mayor frecuencia a los servicios sanitarios.

En verano hay más nacimientos al provocar el calor un adelanto de las contracciones / INFORMACIÓN
Cuándo acudir a urgencias
Rodríguez Blanco recomienda prestar especial atención a la evolución de las contracciones. «Realmente nosotros decimos que tienen que consultar cuando esas contracciones que sienten son regulares», señala.
También aconseja acudir a valoración sanitaria si aparece fiebre, que podría estar relacionada con un golpe de calor, o ante signos de deshidratación como sed intensa, boca muy seca u orina muy oscura.
Otro signo que requiere atención son los cambios en los movimientos del bebé. Aunque al final del embarazo puede disminuir la intensidad de los movimientos porque el bebé dispone de menos espacio, la madre debe seguir percibiéndolos durante el día. Ante una reducción significativa, la recomendación es tumbarse, tomar algo y observar la respuesta y, si persiste la preocupación, acudir a un profesional sanitario. «Siempre es mejor que acudan a la matrona y al ginecólogo ante cualquier sospecha», resume.
Para afrontar el verano, la especialista recomienda beber agua con frecuencia, evitar las horas de mayor exposición al calor, especialmente entre las 12 y las 17 horas, y utilizar ropa ligera y transpirable.
También aconseja llevar un calzado cómodo, elevar las piernas cuando se esté sentada para reducir la hinchazón y realizar ejercicio suave, como caminar o practicar actividad tranquila en la piscina.
Más partos y presión asistencial
El incremento de nacimientos en verano coincide además con un periodo en el que parte del personal sanitario disfruta de sus vacaciones. Rodríguez Blanco, que durante años ha trabajado en la gestión sanitaria y en el área de la mujer, señala que esta coincidencia puede generar momentos de especial presión en los servicios de obstetricia.
«A veces es verdad que en verano se junta con que muchas matronas se van de vacaciones y muchos ginecólogos de los hospitales tienen muchos más contratos de sustitución», explica. Y todo ello ocurre mientras los partos, lejos de disminuir, aumentan durante los meses estivales.
Para la matrona, se produce así una combinación de factores que convierte el verano en un periodo especialmente intenso en las áreas de maternidad: más nacimientos, más calor, mayor malestar de las embarazadas y más riesgo de deshidratación y contracciones.
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