El goteo de incorporaciones y salidas estivales que se viene produciendo en el Baskonia sigue sin desterrar la sensación de que aún falta alguien para … poder completar el dibujo competitivo de cara a la temporada 2026-27. Ni siquiera la reciente incorporación de Kenneth Faried cubre las necesidades teóricas de una plantilla todavía por estrenar, con llegadas todavía por rubricar que se centran en el juego interior. El segundo proyecto liderado por Paolo Galbiati maneja un esquema que, en sus líneas elementales, plantea ocho jugadores de perímetro y seis interiores. La primera parte está completa y a la segunda todavía le queda un baloncestista por contratar.
El club azulgrana busca en el mercado un pívot con unas características particulares que priorizan por encima de todo los recursos ofensivos. Más allá de rasgos típicos del poste moderno como la movilidad, las buenas piernas para correr la cancha o el despliegue físico y reboteador, la actual configuración interior precisa de un jugador con puntos, un pívot capaz de generar anotación ya sea a través de su propios recursos o en asociación con otros compañeros. En la nómina actual de ala-pívots no hay productores desaforados de puntos. Rodions Kurucs sobresale por encima del resto mientras se confía en que Clément Frisch dé síntomas de despegue tras un primer año de ‘sarampión’ en la primera plantilla azulgrana. Tadas Sedekerskis ya ha dejado atrás un curso marcado por las lesiones que frenaron su progresión hacia un mayor protagonismo en ataque.
En la posición de ‘cinco’, el panorama realizador es un tanto más escaso. No es Khalifa Diop un acaparador de puntos, aunque se principal objetivo de cara a la próxima campaña se centra en ganar una regularidad de juego que, entre lesiones e inadaptaciones, no ha aparecido en los tres ejercicios previos. Tampoco Faried destaca por la autoproducción en ataque. Su esencia es la de finalizador, con capacidad para atrapar balones que vuelen por encima del aro. En realidad, al jugador de Newark le ha perseguido a lo largo de su carrera los reproches, más o menos velados, sobre su limitado repertorio en ataque.
Durante su etapa en la universidad de Morehead State se hizo un nombre en la NCAA con promedios de 15 puntos y 12,3 rebotes por encuentro, El primer dato no pasó el filtro de los ojeadores NBA y ser elegido en el puesto 22 del ‘Draft’ del 2011 no colmó sus expectativas. Un ejemplo más lo conversador de ciertas elecciones en la lotería de novatos y de los prejuicios respecto a ciertas capacidades físicas. En el caso de Faried, medir 2,03 metros no le ayudó demasiado a lograr un mejor puesto.
Más allá de los tópicos, el veterano pívot de 36 años demostró la pasada temporada con el Panathinaikos que, sin mostrar anotaciones deslumbrantes, puedo protagonizar partidos de alta anotación. Lo hizo en sus primeros pasos con el conjunto de Ataman, con cuatro primeros partidos de Euroliga una media de 13 puntos por choque, pero también con tramos de calendario mucho más discretos. Su cierre en la máxima competición europea dejó constancia de su desigual rendimiento: 14 puntos y 10 rebotes en el último duelo de fase regular ante el Efes, una notable aportación de 13 puntos y 8 rechaces en el play in frente al Mónaco y una desaparición casi absoluta durante la serie de cuartos frente al Valencia Basket.
6,4
Puntos
Es la media de puntos que firmó Faried la pasada temporada con el el Panathinaikos en la Euroliga.
Los momentos explosivos de Faried y sus bajones de protagonismo le asocian más con un velocista que con un corredor de fondo. Otra cuestión es si su perfil puede dar para sostener una parte importante de las responsabilidades en la posición de ‘cinco’. A falta de disponer de la foto completa de la plantilla, el reparto de obligaciones puede ser una buena pócima para borrar la estela dejada por Mamadi Diakite tras su paso de una sola temporada por el Baskonia antes de aceptar un contrato millonario del Dubái Basketball y dejar unos 400.000 euros de rescisión en las cuentas azulgranas.
La polivalencia y la energía del poste guineano fueron claves para convertirse en el poste de confianza de Paolo Galbiati, no sin antes superar un duro período de adaptación. Con 18 puntos por choque entre ambos en la Euroliga, elevó junto a Eugene Omoruyi el caudal anotador interior del conjunto vitoriano durante un curso convulso tras la temprana salida de Luka Samanic, las lesiones de Sedekerskis, Diop y Kurucs o la escasa aportación de Jesse Edwards, un fichaje tardío y sin demasiada trascendencia.
La notable aportación de Diakite y el parche de lujo que supuso Omoruyi no impidieron que el Baskonia se quedara corto de pegada ofensiva interior en una Euroliga que suele ser el verdadero medidor de rendimiento en el seno del Baskonia. La pieza pendiente de contratar trata de resolver esa carencia, aunque la realidad del mercado, las limitaciones económicas azulgranas y el hecho de que dos plazas extracomunitarias ya están cubiertas obligan a armarse de paciencia.